• Una de las cosas que más miedo o preocupación causa en los inicios de vivir en un sitio nuevo es la posible soledad que te va a acompañar una vez salgas de tu nido. Sobre todo si te mudas sin familia y sin haber establecido contactos previos en tu lugar de acogida.

    Casi siempre de alguna manera u otra, se establece relación con otras personas que, o bien están en tu misma situación, o bien te rodean por circunstancias, ya sean laborales o de estudios. Así que elimina el miedo de la ecuación, si lo necesitas, seguro que tendrás alguien que te ayude, nunca estás completamente solo.

    La “historia” es que cuando llegas a determinada edad, no cualquier contacto vale para relacionarse, e incluso hay momentos en los que se prefiere un buen momento de soledad a un mal momento compartido.

    Yo me describo en mi “vida anterior” como un “animal social”, no había día en el que no compartiera una caña con un amigo o conocido y charlara de cualquier cosa, vital o banal. Me encantaba, era mi deporte favorito. Sin embargo, llegué a Estados Unidos y no conocía a nadie. Ante ésto, tenía dos opciones, una, lanzarme a lo “fácil” y echar mano del grupo de españoles que había llegado aquí en las mismas circunstancias que yo; o esperar y buscar relaciones más elaboradas.

    Mi objetivo primordial cuando vine aquí era perfeccionar mi inglés, así que esperé y pacientemente busqué la ocasión perfecta para hacer mis propios amigos. Llegué en julio, mi primera interacción genuina social con un grupo fuera de mi trabajo fue a finales de octubre.

    Mientras tanto, descubrí un tesoro que ahora aprecio mucho, mi propia compañía. Las primeras semanas entre la adaptación, cursos de formación, trabajo y que cualquier actividad suponía una aventura (ir a la lavandería, ir al supermercado…) no paré atención o no necesité mucho más.

    Pero llegó el primer fin de semana en el que aparentemente no tenía nada planeado en el horizonte, así que llamé a una española, pero falló, me canceló la quedada en el último momento y ahí me empezó la “morriña”… “ay ay ay, ay ay ay, ay ay ay!!!!” Me puse en marcha, no me podía permitir la tristeza que me iba a llevar a encogerme en casa como un caracol. Salí a la calle, cogí el coche y me pegué todo el fin de semana fuera, paseé por parques, tiendas, bibliotecas, museos, me tomé vermús en las terrazas, fui al cine, tomé café en las pastelerías que más me llamaron la atención… y llegué el domingo por la noche exhausta de tanta actividad, pero feliz.

    Aquella semana me apunté cerca de casa a “hot yoga” y suerte que justo debajo de mis apartamentos había un bar en el que servían “Frozen margaritas”, ¡qué descubrimiento!, la de cócteles que me bebí yo sola mirando a la nada, leyendo un libro o hablando con clientes que frecuentaban también el bar. Estaba encantada.

    Al poco tiempo, no sé ni cuándo ni quién, alguien me habló de la aplicación “meet up”. La descargué en mi móvil, introduje mis preferencias, y me recomendaron unas cuantas opciones. Por si alguien no conoce todavía de qué se trata, incluyo aquí un link a la página oficial:

    https://www.meetup.com

    Reunión de cumpleaños de meet up.

    Me decidí por un grupo para empezar, uno que se reunía cerca de mi casa, no lo elegí por su nombre “couchsurfing lovers”, sino porque el momento y lugar de reunión me convenían. Aunque por otro lado coincidía con mis gustos, porque sabía que sería gente sencilla, aventurera y viajera. Así fue, me lo pasé en grande. Gente de todos los países, todas las edades y con muchas ganas de socializar y reírnos. Estando en ese grupo, uno de los asistentes me recomendó acudir a otro y a partir de ese otro es cuando establecí mi grupo de amigos.

    Yucatán (Mérida), boda de Alejandro y Nadia, dos amigos del meet up.

    Un objetivo no se cumplió, el de aprender inglés, porque la mayoría éramos hispano hablantes, pero la riqueza multicultural y de experiencias que he vivido con ellos son incomparables. Lo que he aprendido, divertido y viajado con ellos no tiene igual. Gracias a este grupo, tuve mi primer “Friendsgiving” lleno de calor, humor y diversión. Gracias a este grupo conocí a algunas de mis mejores amigas allí, a Wei Wei, una shanghainesa enamorada de Córdoba, que conquisté gracias a mis tortillas de patata; a Rachel, una bostoniana llena de vida y con una gran historia de vida de superación por detrás;, a Peter, mi californiano favorito, un “Willy Fog” jubilado, que no hay rincón del mundo que se le resista.

    Testigo en la boda de Wei Wei. Capitolio de Austin (Texas).

    Celebrando Hanukkah en casa de Rachel.

    Mimosas con Peter y Nuria.

    Actualmente, mi estilo de vida ha cambiado un poco, salgo menos a los meet up, aunque, por supuesto, no dejo de ver a los que ya son de ese grupo, mis mejores amigos.

    Siete años después de comenzar a vivir aquí, tengo que admitir que más tarde si que me entró la especie de “necesidad” de establecer contactos con gente de mi país. Y me respeté totalmente en ese deseo. Vicky, Luismi, Jesús, Alberto y Eli son mis “consentidos”, como dirían mis queridos amigos de Colombia. Mis niños madrileños, mi pequeña familia. Con ellos a día de hoy, compartimos todo, amor, cuidados, preocupaciones, tristezas y alegrías.

    Mi familia. De izda a dcha: Jesús, Eli, Alberto, Luismi, Vicky, yo y mi compañero de vida, Joseph.

  • Mi nombre es Laura Albero. Este es mi quinto año en Austin, Texas. Durante todo este tiempo me han sucedido innumerables anécdotas, he vivido muy diferentes experiencias y sobre todo, me he creado una opinión propia sobre este país. Sigo en ello. Cada día que pasa, conozco más (o eso creo), sus matices culturales.

    Vivir en el extranjero puede adjetivarse de muchas maneras. Para mí, la palabra que mejor se ajusta en su descripción esIMPREVISIBLE. Podía haberme imaginado muchos escenarios el día que cerré la puerta de mi apartamento en Zaragoza, y decidí embarcarme en esta aventura, pero nunca hubiera imaginado lo que ha resultado ser en realidad.

    Salir de nuestra zona de confort es complicado. Si se tienen motores personales fuertes que impulsan es más fácil. En mi caso tenía un objetivo claro y mucha ilusión. Mi objetivo era llegar a ser bilingüe en inglés (¿en ello estoy todavía?), y mi ilusión era enorme; mi vida estudiantil pasó tan rápida que no me dio tiempo a hacer un Erasmus, se me había quedado un poco esa “espina clavada”. Así que, en noviembre de 2015, decidí dar el salto y solicitar el Programa de Profesores Visitantes en EEUU y Canadá para docentes (en la actualidad extendido también para Reino Unido y China) .

    Durante los siguientes meses de selección, entrevistas y pruebas, hubo momentos para todo, miedo, dudas, estrés, incluso creí que en algún momento me iba a sobrepasar tanto la situación que me iba a echar atrás. Pero no, ¡no sucedió! Dicen que deseo y miedo son ambas caras de una misma moneda, y yo aunque literalmente estaba “cagada de miedo”, tenía unas ganas enorme de vivir esta experiencia.

    Cuando llegó Junio y saqué el billete de avión, ya todo estaba decidido. Ya vería después cómo me enfrentaba a los siguientes pasos, la despedida, la preparación del viaje, encontrarme en un mundo nuevo en el que no conocía a nada ni a nadie…. Todo requería mucho esfuerzo y una gran disposición por mi parte; es verdad que a ratos la tenía, pero también es cierto que hubo momentos de cansancio , desesperación , ”rayada”… en los que me preguntaba “¿Quién me mandaría a mí?”

    Tengo que decir que ésto no se pasa, creo que es más bien continuo cuando se vive fuera de casa, va con la experiencia, cuando las cosas no van bien o son «intensitas» siempre te preguntas «¿qué hago aquí?». 7 años después, aún vivo momentos de esos.

    Los últimos días en España los recuerdo con agobio. Especialmente, el “momento maleta”. Si en una tarea como ésta, te pones trascendental (como yo tiendo a ponerme en estos casos…) empiezas a darle al coco «¿Qué meto en una maleta en la que debería de meter mi vida? , ¿qué necesitaré? , ¿qué es importante?, ¿qué será necesario? «

    Ahora que han pasado los años y he hecho dos mudanzas de vida más, he llegado a la conclusión de que nada es imprescindible, salvo la documentación. Todo lo demás es extra. Simplificar a la hora de hacer un viaje así es lo más conveniente. Llevar algo para empezar, algo de ropa, dinero de los dos países, tarjetas de crédito, seguro de salud, medicamentos en caso de que sigas algún tratamiento, teléfono (con roaming para que puedas utilizar en tus inicios en el nuevo país) y poco más. TIP, lleva todo ésto contigo en el carry on, y si te cabe, también un cambio de ropa (muy útil en caso de que te pierdan la maleta que va en bodega). Todo lo demás, es secundario.

    Me he dado cuenta de algo muy curioso después de estos últimos años. Las necesidades/gustos cambian con los lugares, igual que muchas otras cosas, por ejemplo, diría que el estilo de alimentación, la forma de entretenerte en tu tiempo de ocio, o incluso las enfermedades. Con lo cual, por mucho que planifiques, es difícil prever lo que realmente vas a necesitar en tu nuevo lugar de acogida.

    ¿Se puede estar seguro a la hora de dar un paso así, un cambio de vida tan radical?

    Yo creo que no, lo «esperable» es no estar seguro 100% de lo que estás haciendo. Si de verdad tienes una vida sana, lo normal es tener el corazón partido. Así me sentía yo los últimos días antes de irme. Por un lado, me debatía entre la expectación de una nueva vida, un nuevo lugar, personas, trabajo, viajes, experiencias… Por otro lado, me dolía dejar atrás mi casa, mi enraizamiento, mi familia, mis amigos…. Irte de tu casa supone una renuncia, estaba renunciando a seguir el día a día de lo conocido, lo de siempre. Implicaba que había cosas que iba a perderme, cumpleaños, reuniones familiares, nacimientos, etc.

    Es duro dar el paso, no es sencillo si no estás huyendo de nada.

    Pero al final a cada uno la balanza se le inclina más hacia un lado. A mí fue por venir aquí.

    El 16 de Julio de 2016 comencé mi vida en los Estados Unidos

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  • Vivir en el extranjero no es lo mismo que viajar. Puedes haber recorrido el mundo entero de vacaciones, haber visitado las culturas más remotas, haber comido lo inimaginable, haber tenido experiencias de vida al límite, pero cuando vives fuera de tu país por un tiempo razonable, te das cuenta de que lo que habías hecho hasta entonces había sido conocer los sitios de “pasada”. Profundizar en una cultura e intentar fusionarse en su sociedad como uno más, es otra historia.

    Los primeros meses cuando llegué me sentía en una nube, estaba siempre alucinando, El miedo que me producía enfrentarme a situaciones fuera de mi zona de confort, el miedo a lo desconocido era muy grande, pero también tenía una gran ilusión por descubrir precisamente cada día algo nuevo.

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    ¡¡¡Subidón subidóóón! Una de las primeras veces que me alojaba en un motel de carretera

    Al principio sentía una gran admiración por casi todo, “Woooow,¡ qué trabajadores y responsables son estos americanos!, ¡qué bien organizado lo tienen todo! ¡Qué educados son! mira qué limpio está todo, qué cantidad de recursos tienen… se nota que son un país más rico…” me encantaba todo lo que veía. Vivía como en un optimismo utópico, estaba en la “cloud number 9” como dicen aquí constantemente

    .

    También recuerdo que solía comparar mucho,“esto en España no lo hacemos así” “En mi país esto lo llamamos asá” a veces hasta detalles de lo más tontos. Las primeras vacaciones que volví a España, me di cuenta de que seguía comparando pero esta vez a la inversa “Esto en EEUU esto lo hacen así/asá”…. llegó un momento en el que me sorprendía a mí misma estar todo el día en “modo comparación”, así que conscientemente intenté dejar de hacerlo, al menos de expresarlo en voz alta.

    Ahora mirando atrás en el tiempo, creo que toda esa verborrea mental formó parte del proceso de adaptación, una vez que me involucré totalmente en esta sociedad, cuando sentí que Austin se había convertido en mi segunda casa, dejé de comparar.

    Una de las cosas que más me gustaba(y me gusta, mucho) era la mezcla cultural, la oportunidad que tenía aquí de conocer a gente de lugares que nunca había tenido antes el placer, lo mismo hawaianos, que japoneses que filipinos, todo el mundo tiene un origen y cultura que me interesan, y lo que más me atrae de conocerlos es la perspectiva que tengo aquí, ya que soy una inmigrante más, yo soy exótica también. No es la misma posición que tengo cuando estoy en mi país, aquí yo soy la de fuera y eso da otra visión diferente. Sobre todo me ha encantado descubrir a gente de origen caribeño y sudamericano, cubanos, mexicanos, peruanos, costa ricenses, guatemaltecos, salvadoreños, venezolanos, belicenses jamaicanos….etc, me siento muy cercana a ellos , me parece que tenemos una conexión muy familiar, enseguida nos entendemos, una parte, por supuesto la pone el idioma, pero a parte de ello, son también las costumbres, la manera que tenemos de ver la vida, de querernos y cuidarnos los unos a los otros.

    Los americanos, en su lugar, me resultan individualistas. Ésto es algo que he ido descubriendo muy poco a poco. Al principio andaba un poco perdida con este tipo de actitud. A veces me parecían que por no molestar no compartían o preguntaban a los demás, a veces me han parecido egoístas, a veces me parecía que eran más introvertidos… luego he descubierto que son simplemente muy individualistas, muy acostumbrados a preocuparse por sí mismos, y no me extraña, el tipo de sociedad lo propicia. Actitudes tan simples como no saludar a los vecinos, ignorar si hay gente esperando a que alguien termine una actividad y seguir a lo suyo sin mostrar empatía por el que espera, no esperar a comer hasta que todos son servidos en una mesa … .son comportamientos habituales en ellos… y a mí después de todos estos años, me siguen asombrando. No obstante, tengo que aclarar que esto es sólo un rasgo que de alguna manera yo he esteriotipado. También he visto y reconozco actitudes muy altruistas aquí, sobre todo en cuanto a la donación de dinero y ayuda a personas en situaciones de riesgo social. Lo cortés no quita lo valiente, en el modo de funcionar diario son muy individualistas pero eso no significa que no sean también en determinados casos, muy solidarios.

    Otra de las sensaciones que recuerdo experimentar el primer año fue la confusión. Confusión en situaciones cotidianas, por ejemplo en interacciones sociales con otras personas. A veces me daba la sensación de que algo no cuajaba en las

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    De este documento hablo en mi episodio del podcast. Ilustra muy fielmente ese aspecto del «cuidado» del lenguaje americano.

    conversaciones con los americanos, algo ¨raro¨, no sabía como explicarlo, pero yo me daba cuenta por sus reacciones que había un click ahí que faltaba algunas veces, o algo que pasaba que yo no pillaba, no sabía si era mi lenguaje, trataba de alejarme al hablar, respetar el espacio personal….ahora creo que sé a qué se debía, me he dado cuenta de que quizás era muy”bruta” o mejor dicho “muy directa” para lo que están acostumbrados aquí, incluso quizá ellos lo vean como “maleducada”. En España damos por válidas las reacciones automáticas que tenemos ante las cosas, la impulsividad, somos muy directos, estamos acostumbrados a la crítica constructiva o a veces no tanto y a encajar según qué comentarios. Aquí no, todo es mucho más suave, mucha simpatía, respeto y mil vueltas de rodeos antes de entrar al grano y decir las cosas como son. Hay que ser muy cauteloso con el lenguaje que utilizas, la susceptibilidad es mucho mayor aquí que en nuestro país, eso es algo en lo que me he curtido con el tiempo y ahora mi manera de dirigirme a los demás es mucho más dulce, me he fusionado un poco más con ellos en este aspecto.

    Los primeros meses era común también sentir desconcierto ante algunas situaciones. De alguna manera uno espera que las cosas diarias funcionen y se resuelvan de la forma que conoces, de la manera que estás acostumbrado a experimentar, es un proceso casi inconsciente el tener esas expectativas y se siente mucho desconcierto cuando no sucede así. Me han ocurrido cosas muy fuertes, como ser estafada por un vendedor de coches, o engañada por un ¨gruero” por confiar en la palabra y en la seriedad de la gente, aunque no voy a poner éstos como ejemplos de este desconcierto, más bien creo que ahí pequé de confiada. Voy a ilustrar el desconcierto con un ejemplo más banal. El primer día que pisé mi clase, vi un teléfono, ¿Un teléfono?¿En una clase? ¿Para qué? ¿Qué inconveniente, no? Pues ahí no quedaba la cosa, lo peor era su disponibilidad., el teléfono está para que te llame quien quiera, cuando quiera, padres de alumnos, conserjes, secretarias de la oficina, directora…a cualquier hora, para hablarte de lo que en ese momento se necesite. Da igual si estás en mitad de una clase dando tu lección o si estás resolviendo un conflicto entre niños, se espera que atiendas la llamada prioritariamente, si la clase se revoluciona mientras tanto, no se contempla. Por supuesto, al principio me estresaba esa situación. Of course! Como la experiencia es la madre de la ciencia os confieso que a día de hoy, lo tengo desconectado. Me ahorro ese pequeño “inconveniente”. Si alguien me dice algo, siempre me hago la tonta, Äy perdona! no me había dado cuenta!¨ llámame al móvil la proxima vez anda!!

    Supongo que las sensaciones e impresiones al comienzo de estar viviendo en un país extranjero variarán dependiendo del destino a donde se viaje y de las experiencias vividas por el protagonista en cuestión. Éstas a grandes rasgos fueron las mías, pero estoy segura que cada persona lo vivimos de manera diferente.

    Me quedo con eso, con mi sensaciones favoritas del primer año, sentir que estaba de vacaciones, viajando continuamente, y parecer una niña con zapatos nuevos cada día con todo un mundo nuevo por descubrir.

  • A veces miro hacia atrás en el tiempo y me parece increíble que ya hayan pasado 8 años desde que comencé mi aventura en Estados Unidos. Pero sí, así es.

    Cuando llegué, estaba soltera y sin ninguna intención de comprometerme. Me daba pavor la idea de que pudiera establecer lazos con alguien aquí, y que ello me “obligara” a echar algún tipo de raíces en estas tierras tan lejanas.

    Además tenía muchas otras cosas por las que preocuparme o en las que enfocar mis pensamientos antes de eso. Comenzar una vida nueva desde 0 conlleva mucho estrés. Pero poco a poco me fui relajando…

    Nunca he utilizado las aplicaciones de citas, es más, sé que existen varias, pero si ahora me hicieran un concurso de “Un, dos, tres, responda otra vez”, sólo me vendría a la mente el nombre de una de ellas. No es que tenga una mala opinión o aversión a su uso, para nada. Simplemente, nunca me he visto en la tesitura de subscribirme a una. «¿¡Qué suerte he tenido!?» No sé, he conocido a mis ligues siempre “orgánicamente” , como dicen aquí.

    Si que tengo buenos amig@s que me cuentan anécdotas de estas aplicaciones y como ha sido la experiencia con su uso en este país (de ello hablamos en el podcast con Jesús Pascal, al final de este artículo puedes encontrar el link al episodio).

    Actualmente tengo pareja estable. Sí, americano. Sí, me ha condicionado un poco a seguir viviendo aquí en ciertas ocasiones. Sí, lo que me temía y evitaba, ocurrió. Hace 5 años. Voy a contaros como ocurrió, y así puedo ilustrar también un poco las opiniones generales que a mí me ha suscitado el tema de las citas en el mundo yankee. Y también, mi breve experiencia de soltería antes de encontrarme en el camino con el que hoy es mi compañero de vida, Joseph.

    Primero me voy a atrever a enunciar una afirmación que puede ser un poco “osada”, aunque no me gustan este tipo de asunciones porque siempre todo es relativo, me voy a conceder por una vez el ser subjetiva. La sociedad norteamericaname resulta, en algunos sentidos, machista, y esto se nota mucho en el mundo de las citas. Creo que Europa, o al menos, España, les llevamos un poquito de ventaja en ésto. “No está mal, ¿no? ¡en algo les teníamos que ganar!”

    Cuando me refiero al “toque machista”, hago alusión a detalles como que en una cita se asume que el hombre paga la cuenta, por ejemplo, que además, debe demostrar caballerosidad; abrir puertas, correr sillas, conducir, llevar a la chica a casa… e incluso la cosa va más allá; es totalmente esperable que se pregunte en los primeros momentos de una cita la profesión del caballero, y con ello se clasifique al susodicho según el posible salario que ingrese al mes; ¡en fin! una ranciedad para mi gusto. Todo viene dado por diferentes razones. En Estados Unidos, desde luego, mejor no cargarte con un compañero que no tenga solvencia económica, porque si ya a uno le cuesta sobrevivir, a dos, ¡ni te cuento!

    A mí estas situaciones me descolocaban, no sabía si me incomodaban o directamente las rechazaba. Tuve dos o tres citas y relaciones “breves” con personas de diferentes nacionalidades, y tengo que reconocer que sólo tuve esa impresión, verdaderamente, con los americanos de cuna, eso es cierto.

    A mi pareja actual, compañero de vida como me gusta describirle, le conocí en el trabajo, y eso no fue tarea fácil. Me explico. Como he descrito en otros post, la formalidad con la que se afronta el mundo laboral aquí tiene un matiz diferente al que estamos acostumbrados los españoles. Nadie te explicita que no puedas tener una relación amorosa con un compañero de trabajo, pero se sobreentiende una seriedad o respeto laboral implícita con la que tomarse las relaciones profesionales. Es decir, éstas no se deberían hacer extensibles a relaciones románticas. Vamos que te cuides de ligar en el curro, aquí a producir y lo demás fuera.

    Empezaba mi segundo curso escolar en Austin(¡toda una veterana ya!), cuando vino a mi escuela a trabajar un tipo muy interesante. En una profesión, mayoritariamente conquistada por mujeres, llegó un Adonis; “¡Madre mía! qué hombre!”, “¡joder!, seguro que es un chuliperis!” Eso es lo que pensé yo en un primer momento, así que pasé de hablar con él y babear como el resto, «bastante creído se lo tenía que tener ya…”

    6 meses después me encontraba en la tesitura de no saber si pedirle salir. Me interesaba, esa era la cuestión. No sabía si me gustaba o no, porque no le conocía realmente; era una persona enigmática, un chico tímido, que hablaba poco, serio, no se dejaba conocer fácilmente, y a mí, me intrigaba. Por lo poco que podía haber hablado con él sabía que le gustaban los deportes y la naturaleza, nada mal… estábamos en la misma sintonía, pero ahora…”¿¡qué hacía yo!?” En mi país no me lo hubiera ni planteado, antes del primer mes, le habría propuesto irnos a tomar una caña después de trabajar, y habría intentado conocerle mejor, pero aquí… era otra historia. Si le proponía ir a tomar una cerveza, eso ya era un “date”, con matices románticos o de ligoteo; además dejaría claras mis intenciones.

    Por añadidura, me arriesgaba a que su respuesta fuera negativa, no por falta de ganas, sino porque precisamente éramos compañeros de trabajo, y aquí no está muy aceptado que se mezclen amor y trabajo…

    Así que tardé, esperé y al final desesperé, y con la excusa más tonta que pude inventarme le invité a tomar una caña. Lo hice. Me lancé yo. La chica le pidió al chico una cita y él, le dijo que sí.

    El tipo llegó tarde. Yo estaba en la barra de un bar ya tomándome un botellín cuando llegó un mensaje suyo diciéndome que su uber tardaba…, pero llegó, y pagamos a pachas, nada de machismo ni caballerosidad de la Edad Media por su parte. Nos tomamos muchas cervezas, y no dejamos de hablar en más de 9 horas. Y como yo había ido en coche, le llevé a su casa, y después me fui para la mía. Y al día siguiente yo le mandé un mensaje, para ver qué tal estaba y si quería repetir. Y así, hasta hoy, 5 años después seguimos tomando cañas a pachas y él sigue siendo el que más se tarda en arreglar cuando salimos, porque él es el que empieza más tarde !jaja!

    Por eso, que las generalizaciones no existen, ni se debe confiar en los estereotipos. Puede ser que la sociedad tenga un sabor un poco más machista-rancio aquí, pero hay que saber buscar, y al final como en España y Honolulú, de todo hay en todas partes.

    No obstante, lo dicho, para los que queréis saber más de citas y como funciona el mundo de las «dates» aquí para solteros, os regalo un podcast colaborativo con mi gran amigo Jesús. Os aseguro que disfrutaréis muchísimo de escuchar sus anécdotas, tips y experiencias.

  • Joseph Gonzalez nos cuenta su opinión sobre la cultura y sociedad americana.

    Cuando le pedí a Joseph que participara en uno de los episodios del podcast «Vivir en EEUU», no sabía muy bien qué preguntarle, como americano, ¡quería preguntarle todo!

    Me parece tremendamente interesante la diferente perspectiva que cada uno podemos aportar ante una misma realidad. Qué mejor que obtener la de alguien que además de ser un nativo de este país, ha vivido en España. Él sabe (bastante bien), cuáles son nuestras costumbres y nuestros hábitos, por tanto cuáles pueden ser nuestras preferencias una vez llegados a este país. O puede intuir también nuestras flaquezas a la hora de enfrentarnos a una sociedad tan abierta pero tan exigente como ésta.

    Sin entrar en mucho detalle sobre ningún aspecto en particular, pero dando una pincelada muy ilustradora en general, Joseph nos ha contado….

    Pregunta: Dentro del ámbito laboral, ¿qué destacarías como una de vuestras características más positivas?

    Joseph: Creo que la eficiencia. Somos muy eficaces en el trabajo. Una de las cosas que más me gustan de aquí es que nunca decimos que «no» por respuesta a algo que se nos propone, aunque sea algo de lo que no sabemos. En tal caso, agradecemos la pregunta y prometemos encontrar la solución próximamente. Somos muy proactivos.

    Pregunta: ¿Cuál sería vuestro punto negativo?

    Joseph: Quizá que no sabemos cómo relajarnos. Va directamente ligado a lo anterior, nos hemos convertido en una sociedad bastante exigente y eso nos ha llevado a no saber cuando parar. El capitalismo ha dado lugar a una organización laboral en la que no existen las vacaciones. No hay períodos mínimos de descanso al año estipulados. Trabajamos sin parar.

    Pregunta: Y socialmente, ¿ cuáles crees que son vuestras fortalezas y vuestras debilidades?

    Joseph: Nuestra fortaleza diría que es la mezcla multicultural que define nuestra sociedad; puedes encontrar gente de múltiples nacionalidades que conviven juntas, sobre todo en las grandes ciudades de Estados Unidos. Quizá no se pueda ver tanto en las poblaciones pequeñas. De hecho, podría decir que ésta es también nuestra flaqueza, la multiculturalidad puede exacerbar el racismo en según que comunidades y ésa es la otra cara de la moneda. Claro, que para vivir en las grandes ciudades en el centro (donde vas a poder experimentar una vida social máxima y disfrutar de esa miscelánea), tienes que tener un buen sueldo. O cobras más de 6.000$ al mes o no te salen las cuentas, tendrás que compartir piso y contar hasta el último céntimo que gastes.

    Pregunta: Este tema me ha recordado a una gran cuestión que define este país, el uso de armas, ¿qué le dirías respecto a este asunto a un español que está pensando en mudarse a EEUU?

    Respuesta: Que no tenga miedo. Desde luego es algo que debería ser corregido y para eso se está pidiendo que cambien las leyes; aunque aquí su uso está visto como un deporte. Hay que saber siempre por dónde moverse; por supuesto «locos hay en todos los sitios», pero… Mayormente si vives en las grandes ciudades, que son más abiertas y más de izquierdas, puedes evitar ver armas. En los pueblos pequeños es otra historia, son más conservadores. En la frontera de Texas mucha gente tiene armas para protegerse de los asaltos de los inmigrantes que suelen ser frecuentes.

    Pregunta: Hablando de pueblos pequeños conservadores, una de las cosas que aprendí gracias a ti fue la existencia de lo que se denomina el «Bible belt» ¿puedes contarnos de qué se trata?

    Respuesta: El «Bible belt» (traducido «cinturón de la Biblia») son un conjunto de estados bastante religiosos, muy conservadores e históricamente defensores de los Estados confederados de América. Mississippi, Alabama, Louisiana, Arkansas, South Carolina, Tennessee, North Carolina, Georgia and Oklahoma son los principales. El norte de Texas también podría ser perfectamente incluido entre ellos.

    Es decir, la experiencia de venir a vivir a EEUU va a depender mucho del estado en el que caigas. Norte América tiene una extensión geográfica comparable a la de Europa; no es lo mismo mudarte al sur de España que al norte de Rumanía, la experiencia que puedes obtener es radicalmente diferente.

    Pregunta: ¿Qué consejo le darías a un español que va a mudarse próximamente a EEUU?

    Respuesta: Ten mente abierta, sé humilde y prepárate para trabajar, mucho. No vas a tener descansos ni vacaciones como en tu país, y vas a estar lejos de tu familia, pero merecerá la pena.

    Pregunta: Un aspecto que no hemos nombrado pero es importante tener en cuenta es el seguro médico, ¿qué podrías aportar sobre eso?

    Respuesta: Bueno, si vienes con contrato de trabajo seguramente estarás asegurado. Aquí lo que no existe es la atención sanitaria social, si no eres trabajador estás perdido. Quizá también debas revisar qué cubre tu seguro médico laboral porque quizá se queda corto y quieras extenderlo algo más pagando dinero de tu bolsillo. Un cáncer puede acabar con los ahorros de una familia entera si quieren utilizar tratamientos.

    Pregunta: ¿Qué beneficios podrá llevarse un español de haber vivido aquí?

    Respuesta: Volverás a España con mucha experiencia acumulada y un mayor nivel de eficiencia que podrás aplicar en tu futuro laboral.

    Pregunta: Para terminar, ¿nos cuentas alguna anécdota o algo que recuerdes con cariño de España?

    Respuesta: Bueno, sí, siempre recordaré con cariño que en España aprendí a relajarme y a socializarme. Aquí con los trabajos que había tenido en diferentes compañías y en el ejército, nunca había tenido la oportunidad de tener una mentalidad más laxa, eso es lo que aprendí en España, aprendí a charlar con los amigos por horas y a disfrutar de la tranquilidad. Me desarrollé como persona.

    Esta transcripición no es literal. Nuestro podcast ofrece una información muchísimo más amplia y amena de estos temas. Si te apetece escucharlo, no dudes en darle click al link que aparece aquí adjunto.

  • Alberto De la Cruz, apasionado viajero y casi ya americano adoptivo después de 15 años.

    Alberto De la Cruz, definido por su familia como «culo de mal asiento o culo inquieto» vive actualmente en Austin, Texas, desde el pasado Julio de 2021. Pero éste no fue su primer contacto con Estados Unidos. En 2008, vivió por dos años en San Francisco, California. Tras un breve descanso en España, en 2012 volvió, esa vez a Chicago, a pasar una temporada de 3 años. Su experiencia tan variada es enriquecedora para cualquiera que tenga la oportunidad de nutrirse manteniendo una conversación con este trotamundos. Sabe mucho, de todo… y de Estados Unidos ¡también!

    «No somos los mismos los que viajamos en los diferentes momentos de nuestra vida» , afirma con pleno convencimiento de lo que dice. Es cierto, no puedes comparar a la persona que llegó aquí con unas expectativas y un mundo nuevo por descubrir en el año 2008, y el hombre que hoy mira hacia atrás lleno de sabiduría y tranquilidad 15 años después. «La política y sociedad americana han cambiado, pero también lo he hecho yo». Obviamente, todos sabemos qué tipo de cambios generales ha sufrido este país en las últimas décadas. En un ambiente mundial removido en general, esta tierra no se ha excluido de padecer algunos embistes.

    San Francisco fue la ciudad que le enamoró, que le cautivó en un primer momento. Como viajero veterano acepta que el romanticismo de un lugar no lo hace el sitio físicamente, sino las experiencias vividas en el mismo. Para él, la mezcla entre la novedad (era su primer destino en EEUU), y lo que allí vivió, hicieron que se encariñara con San Francisco y que ésta se convirtiera en «la niña de sus ojos». Sin duda, California en sí, también facilita que esa fantasía se haga realidad; es un estado lleno de posibilidades naturales, históricas y humanas que la hacen completa. El único inconveniente que podríamos añadirle a este estado, para contrarrestar, es que en la actualidad se ha vuelto prohibitivamente caro. El coste de vida es tan alto, que para un maestro se hace técnicamente imposible vivir en la ciudad o vivir solo; las opciones han transformado de manera objetiva en algo muy diferente.

    Después de San Francisco, Alberto volvió a España por un par de años y de nuevo decidió solicitar el programa que le facilitaba su estancia aquí como profesor: Profesores Visitantes. Ésta vez dirección Chicago (Illinois), ¿por qué?, Alberto lo tiene muy claro; «Soy gay, cuando perteneces a un grupo minoritario como yo, eliges destinos donde sabes que tu vida va a ser más cómoda. Nueva York no era posible porque no existe el programa, así que decidí solicitar lo que aquí se conoce como la ciudad segundona, Chicago». Y, por supuesto, no se arrepintió, aún con inviernos de 19 grados bajo cero Celsius, él estuvo encantado. «La ciudad está super preparada, las máquinas de sal pasan constantemente por las calles principales de la ciudad, ningún problema».

    Finalmente, en 2021 decidió venir a Austin, Texas, por razones muy similares a las que le habían llevado a Chicago. El destino nos juntó en la misma escuela para literalmente conocernos y separarnos después, aunque la semilla de nuestra amistad ya se había sembrado. Hoy por hoy, es como ya lo he nombrado en alguna otra entrada de éste blog, parte de mi familia aquí.

    Me llama la atención su intermitencia viniendo a EEUU y repitiendo experiencia pero en diferentes estados; él lo tiene muy claro «Me encanta mi profesión y estar en el aula, el Programa de Profesores Visitantes me ofrece la posiblidad de salir de esa rutina en la que se puede caer siendo un maestro funcionario como yo desde hace muchos años. Este programa ofrece muchísimas posibilidades y oportunidades de aprendizaje.»

    Me interesa mucho saber si Alberto se siente realizado laboralmente, nuestra profesión conlleva un gran desgaste aquí. De ello comenta que cree que su sosiego, su calma para enfrentar las jornadas diarias viene (a parte de su conocimiento y destreza en el campo), de la formación que recibió inicialmente en San Francisco. «Mi experiencia con el alumnado americano ha sido muy sesgada, siempre he trabajado con alumnos de la urbe, de nivel socioeconómico bajo, etnias desfavorecidas y con riesgo de exclusión social. Esta población pone mucho peso sobre los hombros de un maestro, muchas veces hacemos lo que necesitaría de distintos profesionales para abarcarlo. El máster que pude cursar mis dos primeros años en SF me falicitó una serie de herramientas que han simplificado mi labor aquí».

    Cierto es. Este país vive actualmente una escasez de profesorado, faltan docentes y más con vocación. Estamos en crisis, nuestra dedicación no está bien pagada y cada día la calidad de la enseñanza pública se ve más desprestigiada. Ante la falta de personal, la contratación de personas que no poseen ni siquiera una certificación que les abale para estar al frente de un aula, aumenta. Desde luego, como alumno ésto no se vive de la misma manera en los primeros años de escolarización que en los posteriores. No es lo mismo un niño de 4 años en la escuela de Infantil, que un adolescente en la Escuela Media; los estímulos a los que ambos están expuestos y las consecuencias que de ello se puedan derivar son muy distintas.

    Si Alberto tuviera que recomendar algo a alguien que estuviera a las puertas de vivir una experiencia del calibre de las suyas, él muy constructivo siempre nos dice «Lo más positivo de salir de tu casa para ir a un país estranjero a vivir es que tu experiencia va a ser ÚNICA. Vivirás todo multiplicado x 100, así que el día a día se va a convertir en una gran aventura en la que vivirás situaciones rocambolescas. Ideal»

    ¡Me encanta! Si quieres profundizar con más detalle en esta conversación con Alberto, puedes acceder a nuestro episodio de podcast que grabamos con mucho cariño los dos juntos. Aquí abajo puedes encontrar el link.

  • Cuando uno sale de su zona de confort se expone a que le pasen muchas cosas que ni pensaría posibles.

    Si eres como yo, seguro que ante lo desconocido, te gustará fantasear con situaciones en las que puedes visualizarte en el futuro, aunque ni siquiera conozcas el escenario donde vas a vivir. Todo es producto de nuestra imaginación, pero a mí, personalmente, ese ejercicio de soñar realidades me encanta, es más, puedo sacrificar una noche de descanso por imaginar.

    Sin embargo, a lo que voy a dedicar este artículo hoy es a todo lo contrario, os voy a relatar experiencias reales, parecen inventadas, pero son realidad pura.

    Aunque ni en mis más “rocambolescos” sueños, podría haber ideado estas situaciones, como decíamos con mi amigo Alberto en uno de nuestros podcast (“Diferentes estados, diferentes historias”), una de las cosas que consigues cuando te vas a vivir al extranjero, casi sin esforzarte, es vivir lo inesperado en todo momento. Ahí van algunas.

    Las Vegas, 1 de octubre de 2017. Llevaba un año viviendo en Austin, y decidí acoplarme a un viaje que mi vecino David había planificado en solitario a Las Vegas. El plan consistía en visitar el Grand Canyon desde allí, y el resto del fin de semana disfrutar de la ciudad de los casinos. La experiencia del Grand Canyon el primer día me dejó agotada, así que la segunda noche quería recuperar el tiempo perdido y beberme Las Vegas y su ambiente sin fin. Estuvimos dudando de si empezar la noche viendo un espectáculo en el “Mandalay Bay Hotel” del Cirque Du Soleil, pero al final se nos echó el tiempo encima y lo desestimamos; fuimos directamente a ver el espectáculo de luz y sonido de la fuente Bellagio. Después de eso, tocaba cenar, menú sano, una pizza… vamos aquí… cerquita, encontramos una pizzería con terraza en la calle y allí nos sentamos,de lujo oye. Acabábamos de cenar y estábamos pensando donde ir cuando…. una avalancha de personas entraron por ese callejón donde estábamos corriendo en masa y gritando “Run…Run!!”de repente las mesas volaron, y lo único que acerté a hacer fue pegarme contra la pared y observar a la gente correr, me quedé congelada, recuerdo tener pensamientos fugaces como” ya están los americanos…exagerando por todo; qué habrá pasado?? no tengo ni idea, pero yo no he hecho nada, así que no tengo de qué huir” perdida estaba en mis pensamientos cuando noté la mano de David agarrarme, había vuelto (porque en un principio, él sí salió corriendo, pero se dio cuenta de que se había dejado el móvil y al volver allí me vio, pasmada contra la pared y me agarró de la mano para sacarme de mi ensimismamiento) “Corre joder, qué haces aquí? correee!!!” y yo corría mientras le preguntaba “Pero, por qué, qué pasa!?” “Joder y yo que sé!!!!, pero tú corre, no ves a la gente correr!!?? Corrimos, durante mucho rato, yo llevaba plataformas y corrimos, no sentía los pies, mientras corríamos vi cosas que no podía explicarme, vi a una pareja discutiendo en la puerta de un Starbucks, el chico quería seguir corriendo, la chica quería refugiarse en Starbucks; vi padres tirando a sus hijos pequeños a los arbustos de la acera, “escóndete hijo mío, escóndete ahí”, yo flipaba en todos los colores del arco iris, entonces empecé a oír rumores… “Hay franco tiradores!” oí, “WTF!!??? dónde, mierda!” nos dirigimos a la puerta de un casino, (desde luego si había francotiradores lo menos seguro era exponerse en la calle), en nuestra maratón David y yo íbamos hablando y decidiendo mientras qué hacer “Nos metemos en un casino?, venga en este mismo” para sorpresa nuestra lo estaban desalojando, estaban desalojando todos los casinos de Las Vegas entero, salían cocineros, croupiers, gente de la limpieza, de seguridad, todos salían por las puertas de atrás de los casinos. Así que seguimos corriendo y nos salimos literalmente de la ciudad y llegamos a un descampado, en el que paramos. En la carretera no dejaban de pasar ambulancias, yo abrí la mano que la llevaba bien apretada y me la miré, joder… llevaba el pintalabios, al que me había agarrado como si fuera la vida. David se paró y miró el móvil, ya tenía mensajes de amigos y familia preguntándole qué tal estaba, habían visto que había habido un tiroteo en Las Vegas. 60 muertos, el tiroteo más sangriento de la historia de EEUU. Un chalado (porque no se le puede llamar de otra manera), se dedicó a pegar balazos a los asistentes de un concierto de música country, el motivo nunca se llegó a esclarecer totalmente. Estaba chalado y tenía acceso a armas, esa es la razón más clara para mí. Disparó desde el piso 32 del hotel “Mandalay Bay”, no digo más.

    Experiencia que me dejó sin palabras, tanto que intento recordarla el menor número de veces posible.

    Stuck in NY. 17 de diciembre de 2016. Qué ganas tenía de ver a mi familia. Era la primera vez en mi vida que había pasado más de 5 meses sin verlos. Por fin habían llegado las vacaciones de Navidad y me iba a España a pasar dos semanas. Mi compañera de piso y yo habíamos sacado los mismos vuelos, viajábamos por NY. Cuando facturamos nuestra maleta en Austin, nos avisaron, “Hay una ola de frío en New York, quizá el segundo vuelo se vea afectado por las nevadas”. Ahora con más experiencia a mis espaldas, sé lo que me estaban queriendo decir “tu segundo vuelo está cancelado” pero entonces, yo sólo veía el turrón y las ganas que tenía de abrazar a mis padres. Llegamos a NY, a las 9 de la noche: vuelo a Madrid cancelado. Caos en el aeropuerto de Newark. Una barbaridad de vuelos anulados y todos los susodichos pasajeros y maletas rondando por el lugar… un caos. Todo el mundo reclamando…,” Y ahora qué, dónde vamos? cuándo va a salir nuestro vuelo? qué hacemos?” Una pesadilla, colas interminables, reclamaciones… Cerraban algunos mostradores de atención al cliente donde había fila porque ya era muy tarde y veías a 200 personas corriendo al mostrador que estaba abierto… Las 2 de la mañana y ahí seguíamos… nada, desesperadas, yo miraba a las familias con niños pequeños y se me partía el alma, ahí estaban, llorando, con hambre… Al final nos nos atendieron; nuestro vuelo no se esperaba que saliera antes de las siguientes 24 horas, mejor buscar un hotel. Con el cansancio yo no sabía si entendía muy bien lo que la azafata me estaba diciendo,”Bajad a la planta de abajo, veréis que hay unas máquinas expendedoras donde podéis contratar un hotel con shuttle que os lleve desde aquí”, pero … “Qué dice ésta mujer? he entendido bien?” le pregunté a mi compañera. Bajamos las escaleras a la planta menos uno del aeropuerto y ahí había un hall lleno de maquinitas parecidas a las de sacar el billete de metro en Madrid, pero era para elegir un hotel cercano, ver si todavía había plaza y reservar habitación. Yo no sabía muy bien si me estaban timando, estaba soñando o qué narices era aquello, pero funcionó. A la media hora estábamos en un shuttle lleno de hindús, porque elegimos un hotel hindú, de camino a nuestro hotel. Mi tristeza…para qué contaros… pasamos allí 24 horas, y al final volamos a España, llegué destrozada, no había dormido bien ni siquiera en el hotel. A veces recuerdo aquello de las máquinas como si fuera un sueño, lo he intentado buscar y corroborar en internet si existe, pero no lo he encontrado. Os juro que fue real. Inexplicable. Por supuesto, la compañía aérea no corrió con los gastos adicionales porque no se responsabilizan de las inclemencias meteorológicas.

    12 de marzo de 2017. Siniestro total. Tras muchas peripecias y encajes de bolillos mi primer coche propio aquí fue un Mazda de 2003. Lo compré muy barato, a un dealer mexicano, casi por desesperación porque era al único sitio al que podía acceder andando desde mi apartamento. La verdad que desde el principio noté que la dirección de aquel coche no estaba muy allá…pero mi inocencia y fe ciega en que a mí no me iba a pasar nada hicieron que siguiera para adelante con la adquisición y tenencia de ese auto. 6 meses después de comprarlo, llegó un fin de semana de esos en los que aquí llueve como si estuviéramos en un destino tropical, sin parar, fuerte, con ganas, lluvia limpia. A la salida de casa de un amigo, en la autovía, en un cambio de sentido, se había formado un lago de agua dulce; mi coche hizo aquaplaning y fue a parar al quitamiedos de lleno. Ahí se quedó clavado; y yo también. No pude mover el coche de nuevo, literalmente se había encajado en el quitamiedos y no había alma que lo moviese de allí; así que llamé a mi amigo. Me sorprendió la rapidez con la que la gente posteó mi accidente en “google maps”, porque cuando le fui a pasar mi ubicación para que viniera a buscarme, ya vi que estaba localizado. Mientras esperaba, debajo de la lluvia, encontré un papel en la guantera con un número de teléfono de una grúa. El dealer que me vendió el coche me dio ese contacto de un amigo suyo (posiblemente sabía que iba a necesitarlo en algún momento). Le llamé, me dijo que estaba a una hora del accidente pero que venía a buscarme. “ es la mejor opción”, me dijo mi amigo, con esta lluvia debe haber infinidad de accidentes, vete a saber si consigues que otro venga a buscarte. Ok, yo no sabía nada de nada así que lo que me dijera. Dejamos el coche allí, porque no era un lugar nada seguro para esperar y nos reiteramos en su coche a esperar un poco más adelante. De repente, me suena el móvil, la policía, “joder joder joder!!!!” Se habían personado en el lugar del accidente y me acusaban de abandono del lugar, mi amigo les explicó mientras yo veía caer la lluvia ajena a todo lo que aquello estaba suponiendo. Explicación dada y datos facilitados, mi amigo colgó el teléfono tranquilo diciéndome,”tranquila, no pasa nada” 40 minutos después recibimos la llamada del dueño de la grúa “Estoy aquí en el sitio del accidente, pero no veo a nadie ni a nada” ¿Cómo? ¿quéeeeee???, volvimos, y efectivamente, la grúa de la policía ya había retirado mi coche y la había llevado al depósito municipal. Mi gruero, que tenía un nombre así como Benedictino, bajo la lluvia y con su tinte capilar escurriendo por la cara(así tal como lo cuento, es curioso lo que la mente recuerda de estas situaciones, pero a este hombre se le escurría el tinte bajo la lluvia dejando chorretones marrones en ambas mejillas, y yo mientras contemplaba ese cuadro intentaba escucharle seriamente, intentando enfocar mi atención en mi coche, pero no podía dejar de flipar con el momento y de entretenerme viendo su tinte escurrir y pensando en la mala elección que aquel hombre había hecho con su tinte que se iba con los lavados). Finalmente, Benedictino, me ofreció llevarme al depósito municipal, pagar la fianza y llevarme el coche a su depósito, él no me iba a cobrar el día porque al final mi mecánico, era el dealer, su amigo de confianza, así que todo quedaba en casa. Así lo hicimos. Y, obviamente, me estafó. Una semana después de que Benedicto siguiera sin contestarme al teléfono, me puse en contacto con mi dealer; me dijo que si quería sacar el coche del garaje de su amigo tenía que pagar 750 dólares mínimo, y cada día la factura iba a seguir subiendo, podía ofrecerme un trato, si el amigo le llevaba a él el coche y se lo dejaba para él para la chatarra, sólo tenía que pagarle 500. Y él me lo compraba por 150. Así que al final, la broma de perder mi coche y quedarme sin nada sólo me salía por pagar 350 dólares. Eso, después de haber pagado sacarlo del depósito municipal también, claro.

    La “broma” me costó un gran disgusto, huelga decir. Me creó sentimientos de muchísima impotencia y rabia; tanto que estuve un día con fiebre del malestar que todo me había producido. Sólo podía imaginarme, y de hecho se me cruzó por la cabeza, colarme en el garaje de aquel hombre de la grúa, ir con un martillo enorme y destrozar mi coche hasta que no quedara ni un sólo resquicio del mismo que pudieran utilizar. Obviamente, aquel plan no lo llevé a cabo. Uno, porque sabía que no tenía tanta fuerza física como para lograrlo y dos porque no quería meterme en más líos y terminar detenida en un departamento de la policía.

    Mayo 2018. Concierto hip hop Austin downtown. Mi pareja tiene un amigo cantante de hip hop, bastante bueno. Una noche daba un concierto en un bar del centro aquí en Austin y, por supuesto, todos los amigos estaban invitados, ¡no nos lo íbamos a perder! La verdad es que yo no conocía a nadie que iba a asistir al concierto, pero eso nunca ha sido un problema para mí. “Long story short” como dicen aquí, hubo un momento de la noche en la que me vi en el centro de un círculo de gente, disfrutando del concierto y alguien me pasó un canuto. Yo nunca he fumado ni tomado ninguna droga, pero en aquel momento dije “joder, qué me va a pasar por una calada, dale que esto es cool” y le di exactamente una calada. Nada cambió. Seguí disfrutando del hip hop. A los 30/40 min de aquello nos sentamos en un lado del escenario y de repente “puuuufff”…..”mierda, he sentido durante un microsegundo que el cerebro se me apagaba como si fuera un ordenador” pensé yo, pero seguí sin darle la mayor importancia. 5 min. después… otra vez….”puuffff”….”joder” qué puta sensación!!!!! qué cojones es ésto!?” así que le dije a Joseph lo que acababa de experimentar y él, sin pensárselo dos veces me agarró del brazo y me sacó afuera del bar…. Yo, todavía sorprendida, no sabía lo que estaba pasando, pero me daba igual, tampoco estaba preocupada. Sí que me mosqueé cuando Joseph me dijo, “pide un uber”… Me acuerdo de mirar la pantalla de mi móvil y pensar “¿Y cómo narices se pide un uber?”, le miré y le rogué que lo pidiera él, pero a la vez sentí que me empezaban a fallar las piernas. Le dije a Joseph lo que sentía y volvió a agarrarme del brazo, pero esta vez dirigiéndome al aparcamiento andando, y ahí, a mí, se me apagó la luz. Me desmayé, pero no completamente, eso fue lo jodido, yo oía y sentía, pero no era capaz de abrir los ojos, moverme o articular palabra. Recuerdo a Joseph dándome cachetadas en la cara y llamándome, recuerdo a gente acercándose y preguntándonos si estábamos bien, pero yo no podía contestar, oía pero no podía reaccionar. Recuerdo incluso oír, “Laura, ¿quieres que pidamos una ambulancia y vamos al hospital?” y en aquel momento, que yo no podía contestar, recuerdo pensar “WTF??? se piensa este tío que estoy en estos momentos capaz de decidir y evaluar a si quiero ir al hospital o no?” No sé cuánto tiempo pasó, yo creo que fue como 40 minutos o una hora, pero mi pareja dice que sólo fue cosa de 15 minutos; de repente empecé a sentir. Llevaba unas sandalias y empecé a sentir que mis pies resbalaban dentro de las sandalias, me recorrió un sudor frío por todo el cuerpo como si me hubiera metido en una piscina, todo me resbalaba, hasta la ropa; y desperté. Joseph se levantó en un segundo, pidió un uber y de pronto me recuerdo camino a casa en el uber, como si nada hubiera pasado, pero flipando por la situación. No sé lo que pasó. Mi pareja estaba muy asustado, pero no por mi reacción, esto fue lo más flipante de todo. Él es americano, pero su aspecto es latino. Su mayor preocupación fue que la gente que se acercaba a nosotros en el aparcamiento pensara que él había abusado de mí o me había maltratado, sólo por su aspecto, porque parece latino, y aquí se hacen muchas suposiciones raciales. Flipando, me quedé flipando con todo lo que pasó aquel día.

    No power in Texas, just a few days ago… 2 de febrero de 2023. Hace 2 años hubo una ola de frío impresionante en Texas que dejó a más de la mitad de la población sin electricidad durante casi una semana. Yo había oído ésto pero para aquel entonces estaba en España, durante la pandemia, y no me podía caber en la cabeza como en un país del primer mundo como es EEUU, una cosa así pudiera pasar. Bueno, el destino me trajo una sorpresa hace unos días y me lo puso en bandeja para hacérmelo creíble. El lunes 30 de enero, fuimos como siempre a trabajar, pero durante el día empezó a bajar la temperatura escandalosamente hasta menos dos grados y a llover aguanieve. El distrito canceló las clases para el martes, cosa que no es inusual aquí. Suele suceder todos los años al menos una vez. La humedad es muy alta y cuando hiela, las carreteras se convierten en auténticas pistas de hielo, así que para evitar accidentes de tráfico y otras situaciones derivadas se suele cancelar la actividad general del estado durante el temporal.

    Puente Pennybacker. Conecta sur y norte de Austin en la autovía 360. En la foto puede hasta observarse como cae aguanieve

    El martes lo pasamos en casa observando por la ventana como la congelación fuera se iba adueñando del ambiente, en especial en los árboles.

    Cancelaron la escuela el miércoles. Cuando amanecimos ese día, la cosa se había puesto más seria, y casi sin darnos tiempo a pensar, a las 8,30 am se cortó el suministro de electricidad en nuestra urbanización, y con ello, se fue también la calefacción. Aproximadamente el 50% de los clientes de Austin sufrieron cortes eléctricos esos días; los motivos eran diversos, algunos debido a fallos eléctricos en el sistema(varios transformadores habían explotado la noche del lunes debido a la alta demanda), otros, como nos ocurrió a nosotros, se debió a que el hielo hizo que las ramas de los árboles cayeran sobre las líneas eléctricas, que aquí son todas exteriores y rompieron el tendido.

    Los servicios de mantenimiento no podían llegar a atender a todos por el frío y el mal estado de las carreteras. El miércoles lo pasamos como pudimos, cuando nos íbamos a dormir aquel día la casa estaba a 13 grados… Yo esperaba que en cualquier momento volviera la luz, pero para sorpresa mía el jueves nos levantamos y seguíamos sin ella. En casa hacía ya mucho frío. Decidí irme al trabajo de mi pareja, ya que allí sí que había calefacción, a pasar las horas a ver si mientras tanto se arreglaba la cosa. Ni que decir que los colegios ya cerraron el resto de la semana. Aparte de la situación en general de los ciudadanos, también los edificios públicos se vieron afectados y sufrieron las mismas consecuencias. El patio de mi recreo se convirtió en una maraña de ramas y árboles caídos, y el aparcamiento estaba inundado debido a que una de las tuberías del agua había reventado. Llegaron las 5 pm del jueves y seguíamos en las mismas, así que como tenemos chimenea en casa (aunque nunca antes la habíamos utilizado), decidimos ir al supermercado a por leña e intentar calentar la casa haciendo fuego.

    Agluno de los estragos más «leves» que causó el temporal.

    Podíamos haber ido a casa de unos amigos, concretamente de Alberto, que participó en uno de los episodios anteriores de este podcast y es protagonista de la anterior entrada de este blog, pero pensamos que no era “big deal” , seguro que nos calentaríamos con la chimenea, y total nos quedaban de 6pm a 9pm, echarnos a la cama y hasta el día siguiente. Además, yo seguía pensando que la luz iba a volver en cualquier momento. Llegamos al supermercado, ni un leño, todo vendido. Y la verdad, yo me quedé mirando a Joseph y le dije “acabamos de sortear miles de ramas y troncos en la carretera para poder llegar aquí, por qué no cogemos unos cuantos, los echamos al coche y probamos con eso? “ nos entró el alma “McGyver” y allá que fuimos. Llegamos a casa, Joseph se puso a cortar la leña con un hacha en el balcón, y con mucha insistencia y paciencia, conseguimos hacer fuego con papeles de cuadernos y las ramas mojadas de la calle, ¡en serio! lo conseguimos, pero la casa estaba a 7 grados y no subió más que un grado el tener la chimenea 3 horas encendida. De hecho, cuando se nos acabó la última rama de la calle estábamos cansados y ya no tenía sentido. Nos fuimos a dormir. Hasta el día siguiente. Afortunadamente, la mañana del viernes nos volvió la luz. Podemos darnos por suertudos porque hubo gente que hasta el lunes siguiente no tuvo electricidad. Fue una experiencia muy incómoda, la verdad. Externamente quizá no parezca muy intensa, pero es muy estresante. Quedarte sin electricidad, además de calefacción significa que no tienes frigorífico y toda la comida que allí tuvieras se va al garete (mis croquetas que había hecho el fin de semana anterior, gran pérdida), no tienes cocina, luego tampoco puedes calentarte nada para entrar en calor, suerte que nosotros teníamos un pequeño camping gas, no tienes luz, a partir de las 6 de la tarde estás a oscuras completamente, y no teníamos internet. Ni qué decir tiene que ya puedes olvidarte de cualquier opción de entretenimiento fácil a los que estás acostumbrado (ver tv, pelis, hacer este blog o el podcast, o simplemente divertirte navegando por internet), tienes que guardar la carga de tu móvil como “oro en paño” por si acaso ocurre otra emergencia, ya que tampoco puedes recargarlo. En fin, que 48 horas fueron suficientes para saber que estar sin electricidad hoy en día es una gran putada y más si estás relativamente aislado como pasó aquí porque no se podía conducir sin riesgo por las carreteras. Suficiente, ya no quiero volverlo a vivir. Soy una persona que valora mucho las comodidades con las que vivimos hoy en día y estoy agradecida por ello. Ya antes de suceder ésto, pero ahora muchísimo más. Lo que sigue sin entrar en mi cabeza, es que éste tipo de situación se dé, y no por única vez en la feroz potencia mundial que es Estados Unidos.

    Por no enredarme más para que esta entrada de blog no se convierta en un artículo que torture a los que estáis leyendo, voy a parar aquí, con estas experiencias ya puede dar para un buen rato de entretenimiento. No descarto hacer un segundo capítulo “Lo que nunca imaginé 2”. Creo que tengo anécdotas para escribir una saga tipo “Juego de tronos” o algo así. Porque como decía al principio, cuando uno sale de su zona de confort, lo inimaginable siempre está por llegar.

  • Verónica y su marido Jorge con sus tres hijos. Por orden de edad: Álvaro, Violeta y Julia.

    Existen infinidad de combinaciones y maneras de migrar al extranjero. Distintas edades para comenzar, formas de vida, estudios, trabajos, por obligación o por placer, por búsqueda de un futuro mejor o nuevas oportunidades. También puede venirse solo, acompañado por amigos, por la pareja o en familia.

    El escenario cambia bastante cuando la experiencia se vive con hijo/as, no sólo por cuestiones logísticas, sino también porque uno ya no se ocupa únicamente de sus propios sentimientos y adaptación, sino también de la de los niños o adolescentes que trae consigo. En este post hablaremos sobre los retos que supone una migración familiar.

    En mi caso migré siendo soltera, y a veces me costaba respirar. En esos momentos veía como otros compañeros habían venido en familia, y pensaba que ellos lo tenían más fácil al tener el calor de los suyos cerca.

    Sin embargo, cuando empecé a sacar el tema con alguno de ellos, me sorprenderon sus respuestas; «No te creas que es tan fácil, a mí se me está haciendo duro, pero peor todavía es llegar a casa y ver a mis hijos pasándolo mal porque les cuesta adaptarse; me hace sentir responsable de su malestar». Obviamente, esto no es una regla de tres, no siempre es así, pero sucede.

    El año pasado, 2022, conocí a Verónica cuando la vida nos conectó, poniéndonos a trabajar literalmente en el mismo aula. Ella, originalmente pamplonica y después madrileña adoptiva, decidió dar un nuevo rumbo a su vida cuando con su pareja y dos hijos decidieron mudarse a Austin en 2016. Gracias a que hemos compartido muchas horas juntas, he podido conocer su historia en primera persona.

    Verónica tiene una energía vital especial, contagia, es feliz, optimista, es de estas personas que cuando la vida se hace cuesta arriba, ella pedalea más fuerte. Le propuse grabar un episodio de podcast y sin dudarlo me respondió que estaría encantada. Así que nos lanzamos y como resultado nació el capítulo cuyo link se incluye al final de este artículo.

    Verónica nos cuenta que a ella en particular le costó 10 segundos decidirse ante la propuesta de venir a vivir aquí. Por cuestiones laborales de su marido siempre había tenido muy presente que esa posibilidad existía, que algún día podría darse. Con sus hijos Álvaro de 2 años y medio, y Violeta que tenía entonces meses, se trasladaron a Austin a vivir. El principio, nos cuenta, fue chocante porque no tenían nada. Además el contenedor donde venían sus muebles de España se demoró en su llegada y vivieron con muy poco los primeros 2 ó 3 meses; pero lejos de acobardarse, mi amiga cuenta que le pareció un experimento muy enriquecedor y que le llevó a reflexionar bastante sobre el mundo material. «No tuve tiempo de preocuparme de mucho más en los inicios, la ocupación que requerían todos los detalles para asentarnos, casa, coche, muebles, guarderías… no me dejó pensar en nada más».

    Al año y medio de establecerse, Verónica y Jorge tuvieron a su tercera hija, Julia. Naturalmente, el seguimiento del embarazo y parto se hizo aquí. Ella nos relata la buena experiencia que siempre ha tenido con el sistema sanitario americano; no sólo para sí misma sino también para los niños. «Son muy atentos, tratan mucho tacto al paciente, tanto yo me he sentido muy respetada siempre como he visto tratar a mis hijos muy amablemente. Supongo que es una mezcla entre los rasgos culturares (los americanos son muy cuidadosos socialmente), y también que es un sistema privatizado, el paciente a fin de cuentas es el cliente.»

    Estados Unidos no sólo le ha abierto las puertas en el sentido de vivir en un país extranjero, aquí tambien dio un nuevo rumbo a su carrera. Bióloga de profesión en España y dedicada mayoritariamente al ensayo clínico; en esta nueva etapa se ha abierto camino en el mundo de la docencia. Siempre le atrajo el campo de la educación ,además los horarios de trabajo son mucho más compaginables con los de los niños. Ser madre y docente a la vez le da una amplia visión de lo que se cuece en las aulas de este país. Nos cuenta que en Preescolar decidieron escolarizar a sus hijos en un centro Montessori, con el que estuvieron muy contentos. En Primaria saltaron al sistema público y nos transmite su opinión «Es un sistema muy centrado en la monitorización de los estudiantes y orientado a buscar resultados estadísticos, no fomenta ni la curiosidad ni el amor por el aprendizaje. He de decir también que a nivel emocional, mis hijos han tenido muy buenas maestras que les han enseñado a identificar sus estados de ánimo e incluso a diseccionar sus sentimientos o enseñarles a autocontrolarse; por ese lado estoy muy contenta«.

    Comienzan ahora su sexto año en Austin, propietarios de una casa desde el pasado verano, Verónica reconoce estar viviendo una temporada «muy bonita» y todavía no ve el punto final a esta experiencia. La familia está en proceso de obtener la «green card» lo que supone un permiso de residencia; no tener que andar preocupados por renovar papeles cada cierto tiempo, o depender de un sponsor. «Supongo que nos plantearemos volver a España (si antes no ocurre otro hecho que lo apresure), el día que Álvaro cambie de la escuela primaria a la escuela media. Sacar a un adolescente de su ámbito y círculo de amistades es complicado; así que llegado el caso, tendremos que sentarnos a hablarlo con mi marido y tomar una decisión en ese momento». Por ahora, están muy satisfechos con su vida aquí. Viven en una zona muy tranquila en la que los niños pueden salir a la calle a jugar con sus vecinos con mucha seguridad.

    Si a Verónica le preguntas por una recomendación para otra familia que estuviese pensando embarcarse en una experiencia similar, ella lo tiene muy claro «Que se informe, que pregunte, que recabe toda la información posible sobre el lugar donde va a vivir. Ahora existen grupos en las redes sociales para todo; a cualquier otro español que le preguntes que ya esté viviendo en el sitio donde te mudas, te va a ayudar y puede resolverte muchas incógnitas» .

    A lo que yo añado: además, de esa manera podrían empezar también a labrarse un círculo social.

  • Durante la administración Obama-Biden, los Estados Unidos hicieron avances históricos hacia la igualdad social de la comunidad LGBTIQA+ . A continuación la Administración Trump-Pence se esforzó con creces en revertir el progreso realizado .

    Para mi infortunio yo llegué a este país el año que Trump salió elegido como presidente. Me acuerdo de aquella noche electoral; estaba bebiéndome uno de esos margaritas que me ayudaban a digerir mis penas en el bar de abajo de mis apartamentos. Mi compañera de piso me acompañaba, y unos americanos que estaban en la mesa de al lado. Recuerdo dos cosas de aquel día: una, que el tío con el que hablaba llevaba grillz dorados en los dientes y no podía dejar de mirarlos, y dos, que todo el mundo estaba convencido de que Hillary iba a ganar; pero para nuestra sorpresa cuando estábamos pagando la cuenta, Donald Trump llevaba una gran ventaja sobre Clinton.

    Actualmente con el gobierno de Biden se están dando pequeños pasos hacia el progreso en este tema. El pasado diciembre se promulgó un proyecto de ley que otorga protecciones federales al matrimonio entre personas del mismo sexo; pero ¿qué se cuece en la calle? ¿cómo vive la sociedad americana? Las noticias nos ofrecen informaciones contrapuestas; en diciembre precisamente, un perturbado mató a 5 personas en un club nocturno gay en Colorado.

    A las dos semanas de establecerme en Austin, se celebraba el día del «Orgullo gay». Con mi inocencia de recién llegada, me calcé mis vaqueros cortos y mochila de fiesta para bajar a downtown a disfrutar de la «Gay Parade». Al entrar en Congress, una de las avenidas principales que atraviesan la ciudad desde el Capitolio, me llevé la sorpresa de que todo el circuito del desfile estaba vallado, y que las carrozas y diferentes participantes en el festival, salían ordenadamente unos detrás de otros, guardando la separación necesaria y sin hacer mucho bullicio. Bueno, pues «así son las cosas aquí» pensé, me apoyé en la barrera y me dispuse a observar el «fiestón» desde el otro lado, y entonces me percaté… Al lado mío había un grupo religioso cristiano, extremista añadiría yo, con carteles con mensajes de odio y no aceptación al colectivo, gritándoles impunemente, sin que nadie los detuviera. Por cierto, éstos son los mismos que se manifiestan con las leyes de aborto. Increíble, yo estaba fascinada ¨¿A qué siglo de la historia acabo de viajar?»

    Estados Unidos es muy grande, puedes encontrarte muy diversas situaciones y comunidades a lo largo y ancho de este país. Conozco a Mike desde hace unos cuantos años. Cuando quedamos, hablamos sobre infinidad de temas, le encanta informarse sobre la situación política y social internacional; ¡siempre sabe más de cuestiones legales en España que yo! Es un apasionado de conocer las opiniones de los ciudadanos en los diferentes países que visita. Por eso le propuse grabar uno de nuestros episodios de podcast, en concreto dedicarlo a este tema tan debatible: la aceptación del colectivo LGBTIQA+ en esta sociedad.

    Michael Papanicholas tiene 27 años, originario de Chicago, nos cuenta que salió del «closet» (salió del armario) completamente hace 13 meses. En nuestro episodio él relata como se ha sentido durante todo este proceso en su vida como estadounidense y residente en este país. «Hace 13 meses que salí del armario totalmente. Reconocí para los demás y para mí mismo que ya no estaba interesado sexualmente en las mujeres. Empecé a tener pensamientos homosexuales desde los 19 años, pero ha sido todo un proceso hasta que me he dado cuenta de que soy exclusivamente gay»

    Mike en uno de sus viajes. Guadalajara (México)

    Verdaderamente, aunque nos vemos con relativa frecuencia, una vez al mes o cada dos meses, yo nunca había tenido la sensación de que Mike estuviera atravesando ese proceso en estos años. Sí que sabía que a veces quedaba con chicas y otras con chicos, pero verdaderamente nunca fue un tema de mi incumbencia, si era bisexual, gay o hetero, para mí; es Mike. Quedamos, hablamos de relaciones, de amores, de ligues, de política, de sociedad… pero sin etiquetar nada; aunque sí que es cierto que en el último año él ha compartido más sus experiencias gays. Un día cuando venía del trabajo, me comentó que alguien en su oficina había hecho un comentario homofóbico delante de el y le había dolido. En 2017 se trasladó a Austin por cuestiones laborales. Austin es popular por su apertura y aceptación en términos LGBTIQA+, una entre otras ciudades, porque Chicago, San Francisco, Nueva York, Philadelphia…. también lo son. De ésto nos habla Mike y de otros detalles más en el episodio.

    Le pregunto «¿Lo has tenido fácil salir del closet? ¿cómo ha sido socialmente?

    «Cuando era niño recuerdo escuchar muchos comentarios, insultos, chistes homofóbicos que ya no oigo. Ahora mismo, aunque todavía haya un grupo de personas que siga pensando así, yo no me siento discriminado para nada en mi vida cotidiana. Creo que socialmente ha habido una evolución hacia la aceptación en los últimos 10 años, pero para mí también ha sido algo interno, algo personal, mi propia aceptación. Con los años también me va importando menos lo que piensen los otros de mí, el ser juzgado»

    nos cuenta Mike.

    Hablamos precisamente de las escuelas y la educación que se está dando al respecto. Este año, en mi distrito escolar, los profesores nos hemos visto sorprendidos por una serie de lecciones que teníamos que enseñar por primera vez en las aulas sobre «Educación Sexual». El tema está candente, la orientación de las lecciones no se sabe si es la apropiada. Eso comenta Mike: «No sé si es idóneo hablar de masturbación a un niño de 7 años, o de orientación sexual, me parece inducir a los niños a pensar en determinados temas para los que no están todavía preparados. Yo me alegro de que nadie en Primaria me contara sobre estos temas. Sí que creo que en Middle School y Secundaria estaría bien que se tratara, sobre todo cuando empieza a despertarse la sexualidad y se tienen las primeras relaciones. Entonces sí que creo que se apreciarían jornadas informativas, para que no haya un sexo incorrecto o no se corran riesgos en las interacciones sexuales, hetero o homosexuales.»

    Ha vivido los últimos años a caballo entre Austin, Arizona y casi 2 años viajando por distintos países latinos, México, Colombia, Ecuador, República Dominicana… «En algunos países de América Central todavía hay mucha homofobia, por ejemplo, en Guatemala sólo un 20% de la población acepta el matrimonio igualitario. Me sorprendió el Caribe, están muy atrasados en eso. Uruguay, sin embargo, es un ejemplo, un modelo a seguir para América Latina. México, Chile, Brasil, también son más abiertos. Aquí en EEUU, la gente de pueblos pequeños y de campo suele ser más cerrada; las ciudades son más receptivos a la comunidad LGBTIQA+ ; de hecho en las grandes urbes hay barrios enteros de comunidad gay, como Chueca en Madrid, está Boystown en Chicago, Montrose en Houston… Por eso muchos gays que viven en el campo se trasladan a vivir a la ciudad, se sienten más cómodos aquí.»

    Por suerte para mi amigo, él dice no haberse sentido nunca víctima de discriminación o haberse encontrado en una situación violenta que viniera dada por su condición sexual. Sí que se escuchan comentarios aquí y allá. Nos cuenta que cuando era más joven recuerda a su propio padre hacer este tipo de apreciaciones con su terapeuta espiritual cristiano. En redes sociales, por supuesto, la gente hace y dice todo tipo de burradas al respecto, como con todo, pero en persona no ha tenido un enfrentamiento directo nunca con nadie.

    A la hora de expandir su círculo de amistades y conocidos precisamente echó mano de las redes sociales.

    «Instagram, bares, app de dating como Tinder, Bumble, Grindr. Las utilizo también cuando viajo, la gente gay creo que es mucho más sociable y acogedora, me ha sido más fácil hacer nuevas amistades dentro de la comunidad que en los círculos hetero. Nunca me he sentido en peligro en una cita o cuando he quedado con una nueva amistad. Eso sí, primero me informo bien de con quién quedo, investigo su instagram, sus amistades… Por eso ahora me siento raro si conozco a alguien orgánicamente en un bar, es más directo, pero no puedo cerciorarme de su historial».

    Cuando nos despedimos Mike dice con una sonrisa en su cara «Ojalá hubiera salido antes del closet. Éste último año ha sido el más feliz de mi vida. Me siento pleno, he hecho muchísimas amistades nuevas, me siento con más autoconfianza, me siento más feliz. Cualquier edad es buena para salir del armario; además pienso que la sexualidad no es definitiva y atiende a diferentes etapas de la vida. Puede ocurrir que de pronto te sientas diferente a lo que has estado sintiendo durante años, y hay que estar abierto y ser sincero con un mismo para aceptarlo».

    Si quieres escuchar la versión original de esta conversación que incluye muchos más detalles y matices, dale al link adjunto, episodio de podcast «LGBTIQA+ go!». Las palabras reproducidas en este artículo no son las literales de la conversación.

  • Cuando decides embarcarte en una experiencia migratoria de cierto calibre no puedes tener todo atado de antemano. Surgen dudas, temores, cuestiones que normalmente se intentan aplacar buscando información sobre el sitio al que uno se traslada. Puedes prepararte preguntando a otros por cómo lo han vivido antes, previniendo posibles esfuerzos económicos y logísticos, pero aún con todo, nunca se puede predecir con certeza como va a resultar tu vivencia en particular.

    Nuestro protagonista de este post lo sabe muy bien, y como él dice, «A veces en tu andadura llega un momento en el que tienes que «tirar de tripas» y seguir para adelante…» . O no.

    Víctor Arias, de sangre leonesa, hace gala a su castellanía, hombre de honor, franco, un creativo del mundo de las artes que le confiere su sensibilidad única, y además por suerte para el mundo de la educación, docente dedicado. En el curso escolar 21-22 tuvo la oportunidad de desarrollar su profesión en Austin.

    «Creo que a medida que transitamos nuevas etapas en la vida, las anteriores no quedan atrás… nos acompañan como capas de cebolla… el niño, el adolescente, el adulto confundido y el (algo más) reconciliado aterrizaron en EEUU»

    Había vivido en el extranjero con anterioridad, concretamente en Londres, durante dos años, así que la vivencia no le pillaba de nuevas. Siempre ha sido muy lanzado, se ha movido mucho y trabajado en diferentes ciudades de España. Por ello, presagiaba algunos de los pensamientos y emociones que iba a sentir cuando llevara un tiempo aquí «Sabía que llegaría un momento en que mi mente me preguntaría ¿Qué c*** haces aquí? ¿Pero quíen te mandaría a ti? y ese momento llegó, pero transité esa temporada y me sentí adaptado. También sabía que iba a conocer a gente maravillosa, valiente, llena de fuerza y así fue, se cumplió. En los principios es importante crear una rutina diaria de actividades, hábitos que te ayuden a desconectar; hacer ejercicio, quedar con otra gente, desahogarte y compartir experiencias, salir, pasear…»

    Igualmente, en el plano laboral Víctor pronosticaba que se iba a encontrar con diferencias, y que algunos aspectos le causarían cierto «shock»; pero como muy bien explica, al principio uno observa, intenta empaparse del entorno, de los compañeros de trabajo, de sus estudiantes, del equipo directivo… del ambiente que lo rodea. Su objetivo fundamental era aprender mucho y también entendía que en el camino sufriría determinadas frustraciones y se llevaría algunos chascos. «Lo que más me sorprendió, sin embargo, fue la actitud de mis alumnos, no sabían cómo relacionarse, ni entre ellos ni con el profesor, veía una carencia de estructura enorme, así que me comprometí a que con mi cariño, mi presencia y poniendo límites iba a intentar devolver un poco de organización a los niños. Como hacemos siempre los docentes, recogemos los pedazos de lo que hay y hacemos lo posible con ello».

    Su experiencia acabó antes de la finalización de su contrato. Cuando Víctor llegó a Austin tenía la intención de establecerse aquí, al menos, por dos años, (es lo recomendable, cuando lees foros sobre el tema, todo el mundo opina parecido, un año para establecerse y el segundo para disfrutarlo). Sin embargo, su situación profesional tomó una dirección inesperada; en el trabajo no se sintió apoyado, sino más bien todo lo contrario, la actitud con la que se encontró fue más bien amenazante y descalificadora. «Fue una línea roja que no quise cruzar» , nos dice, «Me dio mucha pena, porque ello implicaba renunciar a mi estancia en EEUU, pero sentí que tenía que hacerlo, por respeto a mi profesión y a mi integridad como persona, por ser consecuente con cómo yo creo que deben hacerse las cosas. Ahora mirando atrás no me arrepiento de nada, sino todo lo contrario, ha sido una vivencia fundamental en mi camino, tal y como sucedió. Recomendable 100% para aquellos que se lo estén pensando».

    Esto es algo que debemos tener en cuenta cuando iniciamos una aventura arriesgada como puede ser aceptar un trabajo en el extranjero, migrar a otro país. Las cosas pueden no resultar como habíamos planeado. Si se puede, como decía Napoleón Bonaparte «Una retirada a tiempo es una victoria». La actitud y paso adelante que tomó Víctor en su caso fue sabia. Cuidó de sí mismo, no se empeñó en algo que no le convenía por el simple hecho de que meses atrás hubiera decidido iniciar ese proyecto. Evaluó la circunstancia presente en aquel momento y eligió su tranquilidad, se respetó a sí mismo y como él dice, también a su profesión. Tenemos que intentar ser objetivos cuando determinados pensamientos nos acechan cuando estamos lejos de nuestro país; la mente nos suele jugar malas pasadas, la nostalgia nos hace ver todo como dicen en inglés «Greener on the other side», idealizando lo que echamos de menos. Pero también tenemos que ser benevolentes con nosotros mismos, y darnos la oportunidad, llegado el caso, de terminar con una situación que no nos está aportando ningún bien a nuestra vida, y que claramente no es un tema de añoranza sino de bienestar personal.

    Cuando le pregunto a Víctor qué se llevó de su aventura, en general, no sólo profesionalmente, no tarda en responderme «Conocerme mejor. Me he dado cuenta de que en esta ocasión he respondido mejor ante la adversidad de lo que lo había hecho en otras etapas de mi vida. Me llevo también haber conocido la sociedad americana desde dentro, una sociedad muy contradictoria, pero que en verdad es un reflejo de lo que somos hoy en día los seres humanos; EEUU es un amplificador de todo lo que pasa en el mundo y todo lo que somos a nivel individual. Es un país de extremos, capaz de lo mejor y capaz de lo peor. También me llevo destellos de humanidad que recuerdo de mis alumnos, cómo nos despedimos… creo que todavía no tengo capacidad para ver todo lo que me ha afectado y cambiado esta experiencia, del nuevo Víctor que volvió de EEUU. Lo recomiendo 100%. Es que nadie puede esperar que de una experiencia de la magnitud que ésta lo es, tan transformadora, uno salga de rositas y sólo haya cosas buenas. Todo, aún lo que implica conflictos, te construye como persona.»

    Otra de las cosas que disfrutó fueron los viajes. De ellos y de sus múltiples paseos(en lo que aquí es nuestra segunda casa, el coche), recogió uno de los frutos más sugerentes e ilustradores que pueden tenerse de una hazaña así, una colección de impresiones visuales. Víctor es proporcionalmente tan buen fotógrafo como persona; se dedicó a ello durante muchos años antes de que su carrera virase hacia la de profesor. Como él nos explica «Es un libro visual al que pretendí darle una unidad narrativa, con el día, la noche, una recopilación de imágenes de aquí, Dallas, Nueva York, Nueva Orleans…. El hecho de hacerlo también me ha ayudado mucho a colocar esta experiencia» El resultado es impresionante, y sino, juzgen por ustedes mismos. Open irregularly but now.

    De todo ésto y mucho más Víctor nos habla con detalle en el episodio de podcast «Saber decir NO». Las palabras reproducidas en este post no responden a una transcripción literal del mismo. Si quieres oír más sobre este tema tan interesante, ¡no dudes en hacer click en el link que abajo se adjunta!