La vida nos lleva por diferentes caminos; a veces, muy distintos a los que nosotros habíamos planeado. Cuando se migra de una manera «cómoda» y por elección, normalmente se siente un luto por el país de pertenencia que dejas atrás, y queda siempre la idea romántica de volver. En ocasiones, las fechas se concretan desde el principio: ida y vuelta. Pero en otras, la posibilidad está más abierta, y puede pasar que la salida se convierta en una sin retorno.
Esto es lo que le ocurrió a Yuwei Xie, más conocida por Wei Wei para los amigos.
Wei Wei, la protagonista de nuestra historia, junto a su marido, Paul.
Conocí a Wei Wei en una fiesta de Halloween. Hacíamos un «potluck», como se dice aquí cuando cada uno de los invitados aporta un plato; yo llevaba mi tortilla de patata de rigor (¡con cebolla!). Nada más llegar dejé la tortilla en la barra de la cocina, y de repente, ¡ahí estaba Wei Wei!, con su cara de felicidad agradeciéndome enormemente, entre bocado y bocado, haber traído ese manjar a la fiesta. Conectamos en el momento. Cuatro meses después estábamos juntas viajando por México.
Wei Wei llegó a este país cuando tenía casi 18 años. Actualmente lleva casi el mismo tiempo viviendo aquí. Ha pasado por diferentes vicisitudes, le ha costado sacrificios, pero hoy en día se encuentra feliz de haber logrado su nacionalidad americana; algo con lo que había soñado desde que era pequeña.
Nos cuenta todo ésto y mucho más en el episodio de podcast del que se incluye el link al final de este artículo.
«Llegué a EEUU desde Shanghai con un visado de 4 años para estudiar mi carrera «Estudios Internacionales» , en Connecticut. Después de eso trabajé como profesora de chino en el estado de Nueva York pero me sentí muy aislada, así que decidí estudiar un Máster en California por dos años. Cuando terminé empecé a buscar trabajo sin importarme cuál fuera el destino, ya que estaba aquí sola, no tenía familia en ningún estado. Me ofrecieron un puesto en una escuela de Austin y accedí. Así es como la vida me trajo a vivir a Texas.»
Admiro a Wei Wei, una mujer que se ha hecho a sí misma. Cuando yo tenía 18 años también experimenté la estancia de un verano en EEUU, trabajando en Minnesota, en un restaurante. Fue eso, un viaje con retorno programado; al final del verano volvía con mi familia, a una vida cómoda y segura en mi país. Aún así, estuve tachando los días del calendario en cuenta atrás casi desde que aterricé en Minneapolis. Me imagino absolutamente lo que tiene que haber sido quedarse sola a esa edad aquí, adaptarse a diversas situaciones de habitabilidad, estudios, trabajos, comunidades, períodos y experiencias de vida que habrá pasado en soledad, echando a veces de menos el amor de una madre o el calor de un abrazo de alguien de toda la vida.
«Bueno, era mi sueño» nos dice ella, «Desde pequeña me gustaba tanto el inglés que quería hablarlo todo el rato. También me emocionaba la cultura, veía series de televisión como «Friends», (era mi favorita), me fascinaba. Sí que recuerdo sentir algún choque cultural en los inicios, como por ejemplo, la falta de compromiso y de cumplimiento de palabra que tenía la gente aquí en comparación con China. Pero también apreciaba otras muchas cosas, la libertad de expresión entre ellas».
Actualmente, Wei Wei está casada y a la espera de un bebé que nacerá a finales de Mayo. Obtuvo la ciudadanía americana hace relativamente poco tiempo y eso le hizo muy feliz, «Así podré traer a mis padres a vivir conmigo» dice ilusionada, «He cumplido mi sueño».
Todo eso me hace cuestionarme cómo se siente respecto a su identidad cultural. Si yo he visto tambalearse la mía estos años viviendo aquí, ella debe de sentir un batiburrillo descomunal. «Me siento una mezcla», nos cuenta Wei Wei, «Hay valores que todavía conservo muy arraigados de mi cultura de origen, como la importancia de la familia y la cercanía con ellos, pero también he adoptado otros de aquí y me siento identificada con estos también».
En todo este viaje nos reconoce haber pasado por momentos duros. «He sentido la soledad, tenía amigos sí, pero nunca me sentía como que pertenecía completamente a este país. Ahora menos; entre obtener la ciudadanía y casarme, siento que he encontrado mi lugar aqui». En la ceremonia de obtención de la ciudadanía se emocionó especialmente con una canción que hablaba de los sacrificios que supone una migración.
Wei Wei es también autora de un libro: «Could´ve been horse» . En él cuenta el origen de los modismos chinos más populares y las historias que los respaldan. Comenzó a escribirlo durante la pandemia, a raíz de intentar escribir el guión de uno de los vídeos de su canal de youtube: «Learn mandarin Chinese with Wei Wei» . «Empecé a escribir el cuento que servía de guión para el capítulo de Youtube y lo disfruté tanto que dije ¿¡Por qué no!? voy a escribir un libro».
Wei Wei me supone toda una inspiración, es un modelo a seguir, polifacética como nadie, ahora se ha comprado una máquina de coser y está bordando babies y bodies para niños que quizá empiece a comercializar, como siempre «¿¡Por qué no!?»
Ha sido profesora en una escuela privada durante muchos años, pero tiene claro que a su hijo, (o hijos si tuviera más en un futuro), le gustaría educarlos en una escuela que no fuera regular aquí. «No estoy muy satisfecha con el sistema educativo de aquí, preferiría hacer homeschooling o buscar un colegio que trabajara las habilidades en general del niño, y no sólo las académicas»
Ya casi nos vamos pero no puedo cerrar el episodio sin preguntarle, qué es para ella lo mejor y lo peor de esta sociedad «Como ya he dicho, valoro mucho la libertad de expresión, sobre todo porque vengo de un país en el que vivía con más restricciones. Lo que menos me gusta es que aquí hay que utilizar el coche para todo»… No me extraña! Algunas veces pienso que por eso los americanos no comen pan todos los días, porque hasta para ir a por una barra, ¡te tienes que montar en el coche!
Aterrizamos en Belice. Estamos de vacaciones. Hemos elegido este destino porque nos encanta la naturaleza, el buen tiempo, la playa y sumergirnos en el agua para explorar el fondo del mar y sus maravillas haciendo snorkeling. Nada más aterrizar en la Ciudad de Belice, nos dirigimos hacia la zona de coches de alquiler, todo funciona según lo previsto; incluso el sueño, nos hemos levantado a las 3 am esta mañana en nuestra casa de Austin para comenzar esta aventura. Belice no está lejos de Texas, en realidad es un vuelo de dos horas y media, tres, pero los horarios de los vuelos, ya se sabe… no se pueden elegir.
Montada ya en el coche y en ruta hacia nuestra ciudad destino, Plasencia, me pierdo en mis pensamientos observando el paisaje; la jungla, tan impresionante, tan magnífica, tan verde… y de repente…¨¡Pam!¨ aparece en mi mente la imagen de Chester, uno de mis alumnos más problemáticos este año. De pronto siento… que todo encaja perfectamente; éste es su lugar, puedo sentirlo. Al igual que a él, veo a otros muchos de mis alumnos… “They belong here” pienso, pertenecen a este lugar, en todo el sentido de la palabra. No es que mis alumnos sean todos de Belice, pero sí de países fronterizos como Guatemala, o cercanos como Honduras, El Salvador o México.
Pienso en todos ellos, y en lo difícil que nos es, en la mayoría de los casos, lidiar con sus comportamientos y conductas conflictivas en la escuela, y de repente, ahora, todo cobra sentido.
Siempre he empatizado con el proceso migratorio; más aún desde que yo me convertí en una migrante (aunque de manera cómoda y privilegiada). Siempre he pensado que si para mí, ha resultado difícil y duro en algunos momentos, más lo tiene que ser para los niños, que no deciden por sí mismos y están indefensos, no tienen los recursos que tenemos los adultos, al menos, psicológicos para echar mano de ellos cuando lo necesitamos.
Anteriormente también he viajado por otros países de los cuales proviene una alta tasa de inmigración en los EEUU; pero no sé qué me está pasando en Belice, que mi corazón está empezando a conectar muy directamente con los sentimientos de rabia, enfado, y confusión que a veces observo en mis alumnos o en sus conductas.
Hoy es miércoles, día de escuela, y ya hemos cruzado varios pueblos en los que se veían sus colegios y a algunos niños en el recreo… recreos paradisíacos, niños jugando partidos de fútbol rodeados de enormes palmeras tropicales. Seguimos nuestro viaje, pasan 2 horas, ya se ha acabado la jornada escolar; ahora veo niños en bicicleta, 3 niñas con uniforme comprando cocos en un puesto callejero. Al frente de una casa, una abuela coloca una hamaca en un árbol para que se eche su nieta… ¿De verdad? ¿De verdad a muchos de mis alumnos les ha robado la vida todo ésto para traerlos a un mundo de hormigón y asfalto en EEUU? ¿Para tenerlos en una escuela 8 horas al día estudiando contenidos para un test que carece absolutamente de sentido para ellos? ¿Para el día de mañana aspirar a un trabajo en la construcción o como dependientes de McDonald´s? (porque desgraciadamente así es, como decía una compañera mía americana, el sistema está diseñado para la prosecución de las castas). Yo también me estoy empezando a enfadar, pero mucho, más que mis alumnos…
Sé que las razones que impulsaron a estas familias a emigrar son de peso. Tengo mil historias que me han contado niños y otros adultos que lo avalan, pero aún con todo no puedo dejar de preguntarme “¿merece la pena?” El dolor, el trauma, la pena que pasaron dejando su casa, sus raíces, sus amigos, su escuela, lo conocido, el viaje, los peligros, los miedos que han pasado, las situaciones a las que se han enfrentado, para luego caer…aquí, en un sistema educativo como es el americano y vivir conforme a unas reglas y unos modos de relacionarse que no son los suyos.
Voy a contar dos historias, dos migraciones de dos alumnos míos actuales. Aunque tengo muchas más guardadas en el cajón… .y eso que sólo soy una profesora de Primaria. Puedo imaginarme la de historias que tendrán otros especialistas o profesionales que estén más íntimamente relacionados con el mundo de la inmigración.
Empecemos por Chester. Vivía en Guatemala, con sus padres, y sus dos hermanos, una bebé y un hermano 3 años mayor. Su padre era el mayor narco de una ciudad llamada “x”, Chester lo sabe muy bien, pudo sostener todas las armas que tenía su papá y con orgullo te habla de cuál era la más pesada y la más ligera. También cuenta sin ningún tipo de pudor o filtro como presenciaba el maltrato que su padre daba a su madre, hasta que un día ésta se hartó y salió con su bebé de casa rumbo a EEUU. Al tiempo un vecino pasó por Chester y su hermano, se iban de viaje a reunirse con su madre. Dos niños de 9 y 12 años se embarcaron en un viaje a pie, en carro y tren con un grupo de adultos que ni conocían “comimos ardilla asada” me cuenta en el patio de nuestro recreo que estamos rodeados de ardillas y bellotas. Cuando llegaron a la frontera, los adultos que iban con ellos “los soltaron”, y enseguida al ser menores en EEUU les dieron asilo. ¨Las consejeras del campamento nos trataron muy bien” cuenta Chester “nos daban de comer y una cama, lo malo que cogimos el COVID; así que tuvimos que pasar un mes allí. Al final, un día hablé con mi madre por teléfono y al día siguiente nos montaron en un autobús rumbo a Austin a reunirnos con ella”. Esto sucedió el verano pasado.
Bruno, es más reservado. Él vino aquí con su padre. En Guatemala se quedaron su madre y su hermana pequeña. Aquí, él vive con más gente en un apartamento, y me cuenta que su habitación es la cocina, por eso siempre viene a la escuela con sueño. En su casa hay gente que llega más tarde de las 9pm y se tienen que poner a cocinar la cena; nunca sabe a qué hora se fue a dormir la noche anterior. Él vino andando con su padre y a veces conseguían que les llevasen en carro dice; bajo ningún concepto su padre quería que cogieran el tren. En el camino, que duró 15 días, sólo come galletas que compraban en las gasolineras; “¡Y mi padre no comió ni una!” (dice refiriéndose a él como a un héroe). Ahora ya he aprendido que preguntarle por su madre es tema tabú. Se cierra en banda, se me queda mirando y no contesta.
(Menos mal que no cogieron el tren, pienso yo). He conocido a niñas que fueron abusadas sexualmente en la travesía. “La Bestia” lo llaman. Las primeras veces que oí hablar de él, fue a unas niñas de Infantil, creía (En mi ignorancia snob), que el nombre se lo habían inventado ellas. Luego empecé a investigar y leí sobre este ferrocarril que cruza México y lleva a muchos inmigrantes colgados de sus techos y entre vagones hasta su frontera con EEUU, a veces también se lleva por delante sus vidas, o un brazo o una pierna de sus protagonistas. A éste respecto, si os interesa el tema os recomiendo el libro de Óscar Martínez titulado precisamente “La Bestia”.
Normal que ahora mis alumnos no estén adaptados en EEUU. Después de un trauma así, viniendo de donde vienen, es mucho pedir para cualquier cuerpo, para cualquier mente. Si yo fuera Chester o Bruno, estaría mucho más rebotada que ellos.
Insultos a otros niños, conflictos, peleas, robar la comida a otros compañeros, orinarse fuera por todo el baño, agujerear los bolsillos de la chaqueta, morder los cuellos de sus sudaderas…. son manifestaciones del descontento que llevan dentro y no saben cómo expresar o por dónde canalizar. Ahora yo ya no batallo porque se quiten la capucha en clase; he entendido que eso les da seguridad, privacidad, protección. Les ofrece la posibilidad de aislarse de este mundo por un momento si quieren. He entendido que para conseguir que no se orinen fuera en el baño, es mejor pedírselo con amabilidad, les cuento que soy yo la que lo tiene que limpiar a final del día y que si me aprecian algo que me lo eviten, y sorprendentemente…¡funciona! Pero yo no me siento preparada para ésto; creo que se requiere la ayuda de una psicóloga o una Trabajadora Social en estas aulas.
Una mañana, Antony llegó a clase y tal y como abrió la puerta, se puso en frente de todos a gritarnos. ¿Razón? no lo sabemos; el resto de los niños lo miraban atónitos, ni siquiera entendíamos lo que nos estaba diciendo. Me lo saqué fuera, al pasillo, hice unas cuantas respiraciones con él, creo que le estaba dando un ataque de pánico. Llamé a su casa, nadie contestó. Antony no tiene padre, su madre trabaja por la noche en la limpieza y de día duerme. Cuando días después logré contactar con ella, la mamá se me echó a llorar diciéndome que no sabía cómo ayudar a su hijo. Salieron de Perú hace años, éste es el tercer país al que migran. Al padre, lo perdieron en el camino.
Todas éstas, son historias que pertenecen a niños. Me hacen pensar en mi infancia y en lo afortunada que he sido. También tengo mucha suerte como adulta, la posibilidad que tengo de elegir si estar aquí o no. Mrs.S es una compañera mía. Ella me cuenta que en su Cuba natal era farmacéutica; aquí no le reconocen sus estudios, sólo puede ejercer como sustituta de profesores, y está agradecida. Sus padres se gastaron los ahorros de toda su vida en pagar su visado y este viaje. Eso ocurrió hace 7 años, desde entonces ya no los ha vuelto a ver. Cuando se convierta en ciudadana “ya podrá viajar”, me dice esperanzada.
También Mrs L., ella mientras pasa la fregona por mi clase, me evalúa a todas las maestras; ella era profesora en su país; aquí ha conseguido ser la señora de la limpieza de una escuela “Gracias a Dios” me dice.
EEUU está a otro nivel de inmigración que Europa. Al menos en los estados del sur, alrededor del 25% de los habitantes de Austin son inmigrantes, con o sin papeles. Todo está muy mezclado, etnias, idiomas, costumbres, casuísticas, y todo el mundo tiene una historia detrás que contar. Entonces pienso en España, en Europa,en la inmigración allí, y me acuerdo de Meloni, la primera ministra italiana, por ejemplo y su repulsa a los inmigrantes, su rechazo a acoger las embarcaciones que llegan a sus costas o navegan en sus “dominios”, y sólo me viene una palabra a la cabeza “HUMANIDAD”. Cuando una persona decide arriesgar su vida por buscar un futuro mejor, os aseguro que es porque era lo único que le quedaba, porque ha agotado antes otras posibilidades existentes. Emigrar es una decisión y condición posterior de vida muy exigente. Nunca vas a ser de aquí, ni de allí. En el país de acogida siempre vas a estar de más.
“Vienen buscando quitarnos el trabajo a los de aquí y para aprovecharse de las ayudas sociales que dan nuestros gobiernos”. Ahora no me voy a meter en debatir cómo está organizado el mundo, a favor de sólo unos pocos, pero éstas asunciones que tanto se oyen en la calle me enervan. Como si emigrar en estos casos hubiera supuesto un viaje en crucero en 1º clase, llegar a firmar un contrato de trabajo multimillonario y tener una casa y un coche de alta gama. No digamos que son los primeros en operarse de sus afecciones de salud en la lista del sistema sanitario del país de acogida, y además gratis!!!
¡Vamos hombre!¿Pero de qué estamos hablando? Me vienen a la mente una película y un libro muy buenos que tratan estos temas y que recomiendo fervientemente. La película se llama “Swimmers” , y el libro “Viaje al país de los blancos” de Ousman Umar, increíble, una historia fascinante. Ambos están basados en hechos reales, dignos de ser contados, de quitarse ante ellos el sombrero. Y la de cantidad de otras relatos de vida que hay por ahí y que no conocemos.
También he escuchado varios podcast relacionados con este tema muy interesantes. Recomiendo El Ep.71 de Psicología al Desnudo, titulado “ Duelo migratorio; el lado B de vivir lejos de casa”, habla más levemente de la migración y los sentimientos y emociones que se nos generan cuando estamos fuera de nuestro país de origen y cómo elaborar esos duelos.
Me considero una persona tolerante y respetuosa con todas las opiniones en general, pero con este tema me radicalizo un poquito, lo siento, pero no entiendo a quien juzga sin saber.
Los movimientos migratorios pueden clasificarse en diferentes tipos atendiendo a diferentes criterios. Atendiendo a la voluntad del protagonista, podríamos decir que hay dos ejemplos claros: las migraciones forzosas y las voluntarias. En el post anterior hablé más de las primeras, hoy me gustaría hablar de la migración voluntaria, que es la que a mí me ha tocado vivir.
Toda migración, sea voluntaria o forzosa, tiene un denominador común, el duelo. Dejar tu país, sea por la razón que sea, conlleva una pérdida. Yo recuerdo al principio, nos reunieron al grupo de españoles que acabábamos de llegar aquí y en una de las charlas introductorias, nos hablaron sobre los estados anímicos y lo que nos podía esperar en el primer año de estancia, Recuerdo perfectamente ver una gráfica en una presentación powerpoint que representaba los “ups” and “downs” que íbamos a tener conforme los días pasaran, y recuerdo tb, mirar aquella gráfica, incrédula y desconfiada, como si yo estuviera por encima de eso, recuerdo pensar “ a mí no me va a pasar”. Y la verdad es que esa primera vez que me trasladé aquí a vivir, no me sucedió, pero la segunda, se ha cumplido fervientemente.
Dejar tu país supone poner a prueba tu equilibrio emocional, y desde luego construye o aumenta tu capacidad de resiliencia. A veces vemos los documentales de “Españoles por el mundo” y nos parece que todo va a ser una aventura fantástica donde nos van a salir las cosas fenomenal y volveremos a casa con un montón de anécdotas para darles envidia a nuestros amigos, y no es así. Migrar supone mucho más, conlleva un gran esfuerzo de adaptación; y la mayoría de las veces la soledad para transitarlo.
Después de escuchar muchos podcast, leer sobre el tema, ver documentales..etc, he llegado a entender que verdaderamente hay un proceso denominado “Duelo migratorio”. La persona que se enfrenta al cambio de residencia sufre una serie de pérdidas de las que aparentemente no es consciente, y más si se ha realizado de forma voluntaria, porque piensas que cómo lo has elegido tú, no tendrás que sufrir. Sin embargo esas pérdidas son muy reales y si no se transitan adecuadamente pueden enquistarse, como todo. También hay ganancias con la migración, por eso, hay que saber reconocerlas e intentar poner ambas en una balanza para que se equiparen.
Cuando llegas al país de acogida, yo diría que las primeras sensaciones que se experimentan son el anonimato y la independencia, y ambas proporcionan una gran satisfacción.. Te puedes como si dijéramos, reinventar, construir un nuevo yo que quieres que camine a partir de ese momento. Puedes ser mucho más selectivo con lo que haces con tu tiempo y con los amigos que eliges, porque partes de un lienzo en blanco, partes de 0. Se gana resiliencia, fuera de tu hogar no cuentas con la red de ayuda familiar ni con un colchón de amigos/conocidos que te saquen de apuros, estás tú contigo mismo y tus recursos. Se experimenta el desapego y el desligue de lo nuclear, desvincularse de lo conocido para saltar fuera de la red. Y aunque en algunos momentos produzca vértigo, a la vez se siente como una expansión interna y un empoderamiento difícil de explicar.
Por supuesto, ésto lleva a que inevitablemente, sin darnos mucha cuenta vamos cambiando, y cuando volvemos, bien sea de visita o para regresar definitivamente al que era nuestro hogar, se sufre el choque cultural inverso. Todos esperan al que se fue y tú esperas encontrar lo que dejaste, y ni uno ni lo otro suceden. La vida ha seguido mientras tú no estabas y tendrás que hacer el esfuerzo de re-adaptarte, porque ya no es lo que era, y tú ya no eres el que se fue. Lo más seguro es que tu entorno se extrañe de que no te acoples a la primera.
Yo sufrí esas consecuencias en primera persona. Volví a mi ciudad de origen durante dos años cuando la pandemia sucedió, y sentía que en un grupo de amigas, aunque estaba dentro, estaba fuera, no era con intención, pero hacían planes sin mí; cuando expresé directamente mi malestar, fue escuchado pero no comprendido,”es que como yo llevaba tanto tiempo fuera se habían acostumbrado a mi no presencia”; pero ellas lo veían todo muy natural. De hecho, tuve que escuchar comentarios que venían a decir como que “era sólo mi percepción, porque estaba viviendo la readaptación y tenía que volver a acostumbrarme” parte de verdad y parte de mentira, porque tus amigos tienen que conocer esa parte nueva que viene de ti, y al final, decidir si lo quieren aceptar o no, al igual que tú. No estás por encima de nadie por haberte ido, no es eso, para nada, pero inevitablemente has vivido muchas cosas que se alejan mucho de la realidad que supone esa otra vida.
En Austin me siento «muy verde». Tiene atrapada la mitad de mi corazón.
Cuando las vueltas se hacen duras se tiende a idealizar lo que dejaste; eso es lo que me pasó a mí, en mi “reingreso” a mi ciudad y ambiente de siempre, me sentí fatal, y no me lo esperaba. Así que a los dos años, volví a Austin, pero ¿imaginaros qué? Tampoco esta segunda parte fue tan idílica como la primera. Cuando se pasan bastantes años en el extranjero comienza a sentirse una ambivalencia, ni se es de aquí, ni se es de allí; en cualquiera de los dos lugares que te establezcas siempre vas a perder la chispa del otro.
Cuando estoy fuera de España, siento que me pierdo a mis padres, me culpabilizo por el tiempo que pasa y que ya no volverá. Por los años en los que dejé a mi sobrino, siendo un «toddler» de 3 añitos y que ahora casi está entrando en la etapa de la adolescencia. Me duele que haya perdido amigos por el camino porque hemos evolucionado de manera diferente o que vuelva y me sienta extraña en mi propia casa, en mi propio país. A veces, he sentido que he perdido hasta la “gracia” porque en inglés no puedo hacer tantas bromas ni ironías con la lengua, incluso a veces, he sentido que no podía transmitir mi inteligencia a través de mi
lenguaje comunicativo y eso me ha frustrado mucho.
Las pasadas Navidades en mi tierra participando en la San Silvestre, ¡más maña que nunca!
Aquí sentí que me estaba desplazando de mi identidad de origen y empecé a poner parches. Me entraron ganas de hacer muchas cosas que me posibilitaran sentirme más cerca o conectada con mi cultura. Me apunté a clases de flamenco, aprendí a cocinar muchas recetas de mi madre, busqué y encontré donde comprar jamón y chorizo, y en mi casa no faltan nunca, ni eso ni la tortilla de patata, el vino o las croquetas. Tiendo la ropa en mi tendedor con una alegría indescriptible por el regocijo de poder pasar de la secadora. Mi círculo de amigos ha ganado en los últimos años muchos más españoles; los fines de semana desayuno viendo los informativos del canal 24 horas… Y eso me ayuda, y bastante. Salgo al parque y me doy una vuelta escuchando la radio española y aunque en la programación nos llevamos 7 horas, me da igual, lo mismo me escucho un programa entero de «El larguero» como la programación de madrugada de otra emisora, me da igual de lo que hablen, estoy mentalmente con los míos.
Por supuesto, veranos y Navidades, si puede ser, vuelvo a mi tierra de visita.
Hace poco cuando Mike, un amigo, vino a mi casa (el protagonista de uno de nuestros episodios anteriores) me dijo,( y vi el asombro en su cara) “Wooooow, realmente estás de paso; en esta casa se nota que no hay una intención de vivir aquí por mucho tiempo”, y entonces fue como si me hubieran puesto un espejo delante de mis narices. Bueno, la verdad es que siempre he vivido con lo puesto, nunca he tenido una casa propia y en las mudanzas lo único que me han acompañado son mis maletas de ropa. Pero es verdad, la posibilidad de quedarme aquí de manera permanente me ahoga. Ésto no quiere decir, ni mucho menos que todo el mundo vaya a sentirse así, tengo amigas españolas aquí que tienen planteamientos totalmente diferentes; gente que se establece, compra aquí una propiedad, y sin decidir si éste va a ser su destino definitivo, sí que tienen calma y seguridad en la decisión que toman por el momento, quedarse.
Por otra parte,volver también implica tener otros miedos. A muchos, “volver” les da tanto pavor que eluden enfrentarse a la vuelta y alargan su estancia hasta arraigarse. Volver significa que quizá no encuentras un trabajo tan cualificado y bien pagado como el que tienes en tu país de acogida, se siente una infravaloración. Además has adquirido muchos más conocimientos de “supervivencia” que la gente no ve a primera vista. Vas a perder el enriquecimiento que supone diariamente vivir en un entorno diferente a casa, los contactos, los amigos, el practicar el idioma de tu lugar de acogida…
Parece sencillo pero no lo es, son bastantes todos los sentimientos y emociones que genera una migración y hay un trabajo de aceptación grande por hacer, tanto a la ida como a la vuelta, si ésta existe. Pero todo te forma como individuo, como a todo el mundo, pasan los años, pasas por experiencias y cada uno, vamos cambiando, la identidad es algo cambiante, no permanente.
No obstante, cada persona es única, y enfrentamos las situaciones de manera distinta. Cada uno a su estilo. Ésta es sólo mi experiencia. En futuros post espero profundizar en este tema más con testimonios de otros individuos.
Hay varias fuentes de información que me han ayudado a elaborar este tema, si a ti también te concierne quizá te interese echarle un vistazo a alguno de los siguientes recursos:
– El libro “Inteligencia migratoria” de Joseba Achotegui; en el que da a conocer formas de hacer frente a esos procesos por los que pasamos cuando migramos.
– El documental “Entre dos tierras”. Duelo migratorio contado a través de la experiencia de varios inmigrantes españoles en Londres. es puede alquilar por 48 horas a través de Vimeo.
Si quieres escuchar la versión sonora de éste post, aquí te adjunto el link al correspondiente episodio de podcast.
Virginia Garoz, para sus amigos conocida como «Vicky» es una trotamundos de corazón.
Nació en Madrid, pero muy temprano, sin tener todavía los 17 años, salió de casa para vivir su primera experiencia internacional. Su curiosidad y las circunstancias de la vida la han llevado a recorrerse el mundo desde entonces. En sus venas corre la pasión por los viajes. Ha visitado 96 países, es una entusiasta del «volver a empezar», de conocer gente allá donde va y de descubrir nuevos lugares.
El destino que abrió camino a esta vida tan aventurera fue Cornwall. Durante 6 meses, ella y su mejor amiga trabajaron en una residencia para ancianos en Inglaterra. «Mi madre dijo que ya que mi hermana vivía allí, a mí tampoco me iría mal la experiencia para mejorar mi inglés. Mi amiga y yo trabajamos y vivimos en la residencia, ganando sólo un «pocket money» que utilizábamos para escaparnos a Londres el fin de semana». Aquello fue todo un hallazgo que abrió el apetito viajero de Vicky.
Al año siguiente, nos cuenta, decidió probar suerte en Alemania. «Mi madre falleció. De pronto me vi sola en Madrid, mi hermana en Inglaterra, mi padre no estaba… Quería aprender alemán, sentía curiosidad por el país, así que comencé a escribir muchas cartas a diferentes agencias y ofertas de empleo, hasta que encontré mi lugar. Trabajé en otra residencia, pero esta vez para gente joven. Estudiantes que venían con familia e hij@s a cursar algún tipo de formación allí. Yo me dedicaba a cuidar de los niñ@s en una especie de aula Infantil. Me enamoré de Alemania, y aunque cambié de ubicación y residencia, seguí trabajando en lo mismo durante 3 años más»
Ella iba y venía a España en los veranos, con su Peugeot se cruzaba Europa sin ninguna pereza. Me la imagino con la alegría que la caracteriza y sin miedo ni duda alguna que se le asomara. «Me sentía libre en el extranjero. En aquellos años me comunicaba vía carta con mis amigos y familiares en Madrid. No tenía la nostalgia o necesidad de volver a casa; allí no había nadie. No echaba nada de menos.»
Un día, en Alemania, conoció a una chica que se iba a «montar en un barco». La idea cortocircuitó los cables en la cabeza de Vicky «Yo me tengo que montar en ese barco» , y conociéndola, ¡vaya que sí lo conseguiría!
Aquel barco pertenecía a un grupo religioso cristiano, y se dedicaba a visitar diferentes países en el mundo con la voluntad de proporcionar ayuda donde se necesitara. La tripulación que lo componía procedía de muy diferentes nacionalidades, y su idioma vehicular era el inglés. Cada uno desempeñaba una función diferente «Yo tuve suerte», nos cuenta Vicky, «Me tocó en la unidad de programas. Como hablaba español y comenzamos viajando por países latinos, me utilizaban para todo tipo de eventos relacionados con la comunicación. Lo mismo iba a prisiones a hacer visitas a mujeres encarceladas, como a orfanatos, o hacíamos sketches de entretenimiento en residencias de mayores». Sintió a sus compañeros de viaje como su familia. Aunque a veces era duro despedirse de los que se iban porque el personal iba rotando,Vicky permanecía, un año tras otro, así hasta completar un trienio.
Y… ¿Qué le hizo bajar del barco? Guatemala.
«Desembarcamos en Guatemala y me fascinó. Visitamos una escuela, situada en medio de un basurero, que pertenecía a misioneros americanos. Me encantó y decidí que quería trabajar allí. Así que me puse en contacto con su directora, aceptó mi propuesta, y ella misma buscó una familia que me acogiera».
De nuevo, pasaron casi 3 años; esta vez viviendo con una familia guatemalteca de ascendencia asiática. Disfrutó de su gente, de su hospitalidad, de la humildad del trato y de todo lo que le enseñaron, hasta que un día se torció su experiencia cuando contrajo un virus intestinal. «La sanidad allí no es pública, el tratamiento que necesitaba era muy caro y decidí volver a España».
En aquel impasse, Vicky sólo esperaba curarse para poder volver a su Guatemala del alma. Pero de nuevo, la vida le volvió a sorprender: conoció al que hoy es su marido. El amor le hizo permanecer por más tiempo en España del que inicialmente se había planteado, estudió la carrera de magisterio y et voilà! descubrió el programa de Profesores Visitantes, la horma de su zapato.
En 2015, con su pareja, vivieron su primera temporada en EEUU en Manor, Austin. «Es muy gracioso porque la primera vez que solicité el programa no tenía ni idea, y apliqué para Colorado. Cuando me seleccionaron y vi que había nieve en las montañas, les dije que lo sentía, pero que me había equivocado de destino. Al año siguiente solicité Texas, y vinimos a parar a Manor (una población anexionada a Austin)». Su primera temporada fue tan especial, que no han dudado en volver. Actualmente se encuentran en el proceso de solicitar una extensión de visado que les posibilite alargar la estancia por unos cuantos años más.
En todo este tiempo aquí han seguido viajando y visitando. De hecho sólo les queda uno para completar los 50 estados que componen este país: North Dakota. «Dentro de EEUU, Utah es mi estado favorito, sus parques nacionales, sus colores, ¡son una pasada! Por el contrario, si tuviera que elegir uno de los que no me dijo nada sería Nebraska, se puede considerar un estado de paso. Alaska me sorprendió, volvería otra vez, veíamos ballenas constantemente desde el balcón de nuestro crucero. ¿Si tuviera que recomendar a alguien que viniera a vivir aquí? Sin duda le diría que hiciera roadtrips, viajes por carretera. Es alucinante la de posibilidades que tiene este país, sus parques nacionales… todo es fotografiable, ¡hasta una señal de tráfico!. Es como estar viviendo dentro de una película.»
En el mundo, su destino favorito hasta ahora es Australia y la Polinesia francesa. «Estuvimos allí durante un mes, pero todo se queda corto, me hubiera gustado visitar más. Volveremos».
Es muy interesante hablar con Vicky, tiene miles de anécdotas que compartir, pero no sólo eso, su punto de vista sobre todas las migraciones que ha hecho es diferente y atípico. Si le preguntas por cómo se ha sentido con respecto a esos movimientos, si alguna vez ha echado de menos su país o extrañado a su gente y sus costumbres, lo tiene claro «Todo lo contrario. A mí la rutina me mata. Cuando paso un tiempo largo en España comienzo a agobiarme de ver las mismas personas, de frecuentar los mismos sitios… incluso me cambia el carácter, me llega hasta a deprimir. Necesito la adrenalina de conocer lugares y gente nueva.
En contraste con los últimos post que he publicado en este blog, para Vicky y personas como ella, viajar es un modo de vida, no una opción, es el aire que sus pulmones necesitan para poder seguir respirando. No renuncia a su identidad española, pero tiene que usar sus alas, que para eso se las concedieron un día… y ¡VOLAR ALTO!
Todas estas experiencias y sus ganas nos las transmite en el episodio de podcast cuyo link puedes encontrar aquí adjunto.
A lo largo de la historia de este blog, he ido editando posts atiendiendo a diversos aspectos referidos a mi experiencia viviendo en EEUU. Sin embargo, al publicar artículos relacionados con episodios de podcast colaborativos, me he ido alejando un poco de comentar aspectos básicos de la vida cotidiana. Temas que se asumen que se harán frente cuando llegue el momento, pero que siempre ayuda saber qué se puede esperar o cómo se puede actuar ante ellos de antemano.
Con ésto, me refiero a cuestiones simples y rutinarias, como por ejemplo: sacarse el carnet de conducir, la interacción con la policía, enfrentarse a una visita médica o apuntarse a un gimnasio. Temas que forman parte de nuestro día a día y que cuando uno se muda a un país extranjero comienza de cero.
Uno de los trámites que recuerdo hacer justo antes de venir a EEUU, fue cursar el carnet de conducir internacional en España. Me vino muy bien tenerlo al principio; mientras me situaba en esta ciudad y en el trabajo, no tenía tiempo de estudiar el carnet de conducir… Sí, hay que sacárselo enterito, desde el principio, examinarte del teórico y del práctico. No existe ninguna convalidación ni otra vía que sustituya el proceso.
Tiene sentido, las normas de circulación, señales y forma de conducir son diferentes, conviene conocer y estudiar las reglas para realizar una conducción segura. Además la licencia también se utiliza como tarjeta identificativa, es como un DNI, por eso es aconsejable sacarse el carnet. ¿Se puede pasar sin ella? Bueno, supongo que sí, pero si vienes por un tiempo determinado, diría que más de un año, es preferible tenerlo.
La parte más amable del trámite es que resulta económico, en total el coste de la licencia ronda los 100 dólares. La parte menos agradable es que no es fácil, tampoco complicado, pero hay que estudiar. El teórico puedes preparártelo por tu cuenta, no tienes que asistir a clases ni lecciones; cuando crees que estás seguro, te presentas en la oficina de tráfico y allí, en una sala de ordenadores, realizas el test. Actualmente, desde que sucedió el COVID, también el test puede hacerse desde casa, a distancia.
La parte que más me sorprendió de todo fue el examen práctico. Primero, porque lo haces con tu propio coche. Y segundo, porque si dominas las normas de circulación y más o menos tienes destreza en la conducción aquí (una experiencia mínima de 3 meses), es fácil aprobarlo. Aún recuerdo el día de mi primer examen práctico, en el que todo me parecía marciano. Llegué a tráfico después del trabajo y en la oficina tras hacerme en el mismo escritorio de registro, la prueba de visión, reflejos y foto correspondiente, me dijeron “Bueno, ahora salga y póngase a la fila con su coche”, “¿a la fila? ¿con mi coche?” pensé yo. Miré por la ventana y vi un reguero de autos uno detrás de otro. “Ok…” Me puse al final de la línea y allí observé todo con detenimiento, los examinadores se iban montando en el asiento del copiloto de cada uno de los candidatos, que por supuesto, deben ir solos. Inmediatamente después se dirigían a aparcar en un lugar designado para ello en el departamento. Posteriormente, salían del recinto y como a los 8-10 minutos volvían. El examinador se apeaba del auto, entraba al despacho y si el alumno había aprobado, a los 5 minutos ya te daban tu carnet provisional.
Se pasa un poco de nervios, es verdad. Tienes que enfrentarte de nuevo a la prueba en un país extranjero, y aparecen dudas de todo tipo; desde si entenderás bien al examinador cuando te pida que hagas alguna maniobra, hasta si habrá algo en el trayecto ante lo que no sepas como actuar, porque no eres de aquí y no tienes ni idea de lo que puede pasar en cualquier momento. Pero al final, es más sencillo y más normal de lo que uno se pueda imaginar.
La policía no es tan dulce, realmente goza de muy mala fama. Creo que la “mieditis” hacia esta institución está muy extendida en EEUU, y desafortunadamente, se ha contagiado entre sus habitantes. Comprendo que los agentes no tengan un acercamiento tan amable y tan abierto como en mi país, ante todo porque aquí cualquier sujeto puede ir armado, y por ello, a sus ojos, cualquier ciudadano es sospechoso antes de que se demuestre lo contrario.
Es importante saber cómo actuar en caso de que te pare la policía.
Cuando uno de sus coches se pone detrás tuyo y te enciende las luces, te está dando la indicación de que te detengas, no tiene por qué haber ni una señal acústica ni un contacto por parte del agente; las luces, son el signo de que debes echarte a un lado en la carretera y estacionar. Cuando paras tienes que sacar la llave del contacto, ponerla encima del salpicadero del coche, bajar tu ventanilla, quedarte sentado en el asiento y con las manos en el volante para mostrar que no escondes nada ni vas a realizar ninguna acción sospechosa. No se te ocurra hacer ningún movimiento extra que pueda hacer dudar al policía que vas a buscar algo…como por ejemplo un arma; nada de echar mano a la guantera para sacar papeles o a tu bolsillo para mostrarle el carnet de conducir en ese momento, nada, hasta que él lo pida.
El policía se aproxima al coche por tu ventanilla y comienza el contacto contigo. Si te pide los documentos, dile dónde los llevas y si puedes moverte para enseñárselos.
Yo he tenido varias interacciones en la ciudad y siempre han sido positivas, siempre me han tratado amablemente y no tengo nada que objetar. No puedo decir lo mismo de las aduanas, ahí sí que cuento con un par de anécdotas no tan agradables.
Lo que sí que me llama la atención es cómo reaccionan los locales aquí cuando ven una patrulla cerca. Siempre se genera un clima de tensión, de duda, de temor a que te puedan echar la bronca por algo o de que pueda haber una situación angustiosa cerca, alguien armado o violento.
Me sorprende, por otro lado, que nunca he visto un control de alcoholemia. Y debe de haber muchos conductores infringiendo la norma. Para ir a cualquier sitio tienes que conducir, ésto incluye cuando vas a un bar, a salir de noche de discotecas…etc. Es cierto que se utilizan servicios de uber y taxi, pero no tan a menudo como se debería. Sé que tiene que haber muchos conductores bajo los efectos del alcohol y no sólo los fines de semana. Pero claro, también pienso que si la policía se pusiera estricta con los controles, destrozarían el negocio a bares y restaurantes, y claro, no interesa.
He visto algún que otro control de velocidad, pero tampoco tan a menudo como se ven en Europa.
Ir al médico ha sido otra de las experiencias cotidianas TOP de aquí. Tengo tantos papeles, números y pólizas diferentes, que cuando voy al doctor siempre me hago un lío. En 5 años he ido 3 veces al doctor, quizá sea por eso, que no me llego a enterar nunca de cómo funciona exactamente. Hace un mes tuve una sinusitis y salí de la clínica igual que había entrado porque la de registro me decía que no reconocía mi seguro y que no podían atenderme. Y la cosa es así, ya te puedes estar muriendo que si tu seguro no pasa por el registro, no te atienden. Debe de tenerse muy claro con tu seguro médico a qué clínicas puedes acudir y la lista de «providers» (médicos) que te pueden atender y dirigirte sólo a ellos.
Otro de los aspectos a tener en cuenta es que cuando aquí vas a una consulta sanitaria tienes que entenderlo como si fuera una tienda. Vas a comprar un servicio, que cuanto más especializado sea más caro se pondrá, y cuántas más pruebas requieras, más subirá la factura.
A una compañera española la operaron de urgencia de apendicitis… coste total de la operación 50,000 dólares, se quedan en unos 10,000 si tienes un buen seguro, ni más ni menos.
Si tienes un accidente o te encuentras mal, piensa si tu traslado en ambulancia al hospital va a estar justificado y si tu seguro se va a hacer cargo. Un simple viaje de 3 km en ambulancia suele acercarse a los 11,000 dólares. En EEUU no es raro escuchar a la gente contar que tiene deudas sanitarias por operaciones que se han hecho hace años, o incluso deudas de familiares que ya han fallecido. Según las enfermedades o dolencias, pueden llegar incluso a tener algunas de sus propiedades embargadas.
Uno de mis consejos, aunque pueda dar un poco de «yuyu» el pensarlo, es crearse un seguro de repatriación de restos por fallecimiento. En el caso de que te suceda algo, tu familia no tendrá que pasar por innumerables dolores de cabeza y gastos añadidos al ya existente sufrimiento. En algunos trabajos, de hecho(esto a modo de apunte), te exigen presentarlo antes de firmar el contrato.
Esto me lleva a enlazar el tema de la salud con la alimentación y el deporte. Tras todos estos años analizando el funcionamiento de mi día a día, y de cómo está establecido el orden de lo cotidiano, creo que he entendido la lógica de la situación.
Los sistemas médicos están privatizados. Alrededor de la sanidad se generan muchísimas ganancias económicas, y la salud es un gasto que cuando se necesita, se convierte en prioritario.
¿Qué genera primigeniamente salud? Una alimentación saludable y una rutina de ejercicio físico. Dos pilares fundamentales que aquí están desvirtuados convenientemente para que el sistema sanitario se aproveche de ello. El ejercicio comienza a desmerecerse con el uso del automóvil, necesario hasta para ir a comprarte un chicle. La gente no anda nada, 0. Tienes que tener mucha fuerza de voluntad para después de haber nacido y crecido en una sociedad tan sedentaria, instaurar unos hábitos de ejercicio físico. Por supuesto, al sistema y las compañías no les interesa reducir el uso del automóvil, ya que a más tráfico mayor consumo de combustible y petróleo; fuente de riqueza del país. A menor ejercicio físico mayor riesgo de diabetes y otras enfermedades que llevan a la población a hacer uso del sistema sanitario. Costeándose y pagando sumas elevadísimas de dinero para tratar sus dolencias. ¡El círculo perfecto!
A ésto se le une el tipo de alimentación.
Tengo que destacar el esfuerzo que me supone llevar un tipo de alimentación saludable y con comida hecha en casa en este país. Y no es por falta de ingredientes, en el supermercado puedes encontrar todo lo que necesites…. bueno, ¡menos borraja! 😉
De hecho, ahora entiendo por qué los americanos tienen esta mala alimentación y su adicción a la comida rápida o preparada. Primero, se lleva una vida tan ajetreada que sacar una hora para cocinar es un lujo. Yo llego normalmente a casa a las 4 de la tarde. Después de trabajar, tengo aproximadamente 3-4 horas como si dijéramos para “vivir”, porque a las 8 ya estoy cenando y a las 9,30 en la cama… (que a las 6 toca diana por las mañanas). Por las tardes, entre poner lavadoras, lavavajillas, limpiar, ir a comprar e ir al gimnasio, dedicarme a este podcast o hacer algo del trabajo que me quede pendiente, se llena todo mi tiempo libre y aún no me he dado el gustazo de sentarme un rato en el sofá, ¡y eso que no tengo niños!
Si quiero seguir comiendo sano y llevar una dieta española mediterránea, tengo que o bien, sacrificar cualquier otra actividad entre semana, o pegarme la “paliza” el fin de semana para hacer todos los tuppers de los siguientes 5 días. Porque, claro, aquí de lunes a viernes se come de tupper.
Añadido a ésto, el estrés y los horarios, y a veces el descontento, hace que te entren ganas de comer comidas chatarra, calóricas y que te llenen con tal de tener la sensación de que estás lleno, estás pleno. Muchas veces has comido a las 11 de la mañana, a las 4 de la tarde vuelves a estar muerto de hambre, y antes de llegar a casa, te apetece comprarte cualquier cosa para comer mientras haces tu viaje de vuelta al nido. O sea, típica americanada de ver a alguien comiendo en el coche.
Eso y beber. Aquí todo es a lo grande.
Las porciones de los restaurantes son insanas. Recuerdo una amiga española que me contaba que al principio, se agobiaba mucho cuando salía a comer por ahí. Por un lado, las combinaciones de sabores en los platos es diferente y el picante que normalmente ponen a muchas comidas pueden arruinarte el almuerzo. Pero sobre todo, ella me contaba que se agobiaba por la cantidad que ponían. Y le doy toda la razón. Las raciones aquí son tipo fuente de centro de mesa en España, eso es lo que sirven para una persona. Yo he aprendido a llevarme la mitad siempre para casa. Esa es la ventaja también, que todo se puede pedir para llevar y con eso, tienes arreglado el tupper del día siguiente.Pero puedo entender que las cantidades, a veces, puedan resultar intimidantes.
Con mucha disciplina he conseguido alimentarme bien. Los fines de semana desconecto y salgo a comer por ahí, pero a diario me cocino mi comida. Me he adaptado a cocinar platos que no me lleven más de 30 min o una hora de dedicación, pero planificándose uno bien, se puede.
Apuntarse al gimnasio fue otra experiencia. Al principio no tenía la confianza para hacerlo y con el que había en mi condominio de apartamentos me daba por satisfecha. Pero los años han ido pasando y me apetecía ir a un centro donde pudiera hacer mis clases y estar entre compañeros, así que me apunté a uno. ¡¡¡Es un lujo, son súper baratos!!! ¡No sé cómo no va más gente! me cuesta 20 y pocos dólares al mes, por un gimnasio que en España se consideraría de alta categoría. Lo recomiendo 100%, ofrecen una gran variedad de recursos, clases, monitores, máquinas, piscinas, jacuzzis, saunas… Estoy contentísima, «¡ojalá me hubiera apuntado antes!» además, porque es un sitio donde interaccionas con gente que para nada es de tu círculo y conoces otras cosas. Es el lugar ideal para romper con el resto de las obligaciones cotidianas de aquí y tener un espacio de mindfulness.
Si quieres escuchar una información más extendida sobre este tema o anécdotas personales al hilo de los mismos, te invito a que escuches el episodio de podcast que se incluye al final de este artículo.
¿Cómo es un día de escuela en EEUU? ¿Se parece a lo que hemos hecho toda la vida en España?
Cuando elegí participar en el programa de Profesores Visitantes, la experiencia completa me suponía tanta emoción que no recuerdo preguntarme cómo iba a ser mi trabajo después. Confiaba en que, si otros españoles lo habían hecho antes que yo, y habían podido, yo también podría. Así es, no hay nada que nosotros con nuestra formación académica no podamos enfrentar aquí. Pero si te apetece conocer con un poco más de detalle las particularidades de un día escolar americano, te invito a que leas este post.
Recordaré, antes de seguir con este artículo, que mi vivencia responde al estado de Texas, a la ciudad de Austin. Obviamente, cuento mi experiencia desde lo que yo he vivido. En otros estados, el esquema de funcionamiento puede variar en muchos aspectos. Pero me aventuro a afirmar, que la dinámica general es bastante parecida en todos los sitios.
Como PPVV no se puede elegir técnicamente la escuela en la que deseas trabajar, ni tampoco el curso. Sí que una vez que se ha pasado la entrevista con el distrito, puede darse la oportunidad de tener varias segundas entrevistas con distintas escuelas. Es decir, son los colegios los que se interesan por nuestros perfiles y si se adecúan a sus necesidades, contactan con nosotros. Por ello, puede darse la ocasión de que se lleguen a tener diferentes entrevistas y si, al final, se es seleccionado por más de una, se pueda estar en la posiblidad de poder elegir escuela o perfil, pero no siempre ocurre así.
¿Son siempre el mismo tipo de escuelas las que se nos ofrecen a los PPVV?
En EEUU, la gente mejor posicionada económicamente elige para sus hijos escuelas privadas. Con lo cual el alumnado con el que solemos trabajar los profesores visitantes, pertenece a las clases sociales medias, medias-bajas o bajas debido a que nuestros distritos pertenecen a la escuela pública. Las escuelas de más difícil desempeño, podríamos decirlo así, son las llamadas “Title 1” / «Escuelas de título 1», reconocidas por el distrito con este nombre y cuya labor conlleva unas características particulares. Las dos escuelas en las que yo he desarrollado mi profesión aquí por más tiempo han sido de este tipo.
Empecemos por el principio, el horario. El día comienza a las 7,30am y terminan a las 3pm. Sobre las 7,15am los profesores llegan al centro y sobre las 3,30 con suerte si han recogido a todos los niños y no hay tarea que requiera de nuestra presencia, podemos irnos a casa. Son horas intensas; en todo momento estamos con niños, salvo por un recreo de 25 minutos y un período para el lunch de 30 min.
El año que yo empecé aquí, estaba en el grado de kindergarten (Infantil 5 años) y me tocó el recreo de 9h a 9,25 y lunch de 10,20 a 10, 50 am de la mañana. El resto del día estaba con mis alumnos dentro del aula.
Los horarios son específicos para cada curso, no son comunes de centro, sólo las entradas y salidas.
A qué nos dedicamos los españoles ¿A dar español? Puede que sí o puede que no. Nosotros somos Dual Language Teachers, es decir, enseñamos el programa dual, puede ser que seas “self-content”, y enseñes todas las asignaturas a tu grupo de alumnos y que algunas las des en español y otras en inglés. O puede ser que estes “departamentalized”, lo que significa, que te dedicarás a dar exclusivamente una asignatura; por ejemplo, Reading and Writing en español a varios grupos del mismo grado. Depende del perfil que se ofrezca o necesite la escuela para ti.
Al principio, como no conocemos el sistema, al menos en mi distrito, solían ofrecernos los cursos bajos, por eso, yo comencé con kindergarten. La verdad, que fue toda una experiencia, mi mayor admiración por las profesoras de Infantil, nunca hubiera sabido la tarea que ejercen si no la hubiera desempeñado en primera persona. Cierto es, que me vino muy bien para introducirme en este régimen educativo y de paso, tener una mentora (el primer año nos asignan a un compañero como mentor), alguien paciente, que me enseñó, me guió y me dió alas para poder aplicar a cursos superiores. Los cursos más altos, tercero, cuarto y quinto, (6º está en Middle School), pasan los exámenes del estado a final de curso todos los años y eso requiere una formación extra por parte del profesorado que se dedica a estos grados. Con lo cual, creo que una parte de la tensión ese primer año estuvo aliviada por no tener que preparar a los alumnos para los tests estatales.
Early Childhood, es lo que aquí podría identificarse con lo que es Infantil en España, tiene una dinámica diferente. Todas las escuelas de Primaria ofrecen kindergarten (5 años), pero no todas tienen PreK3 or Prek4 (Infanitl 3 y 4 años). No son períodos obligatorios ni subvencionados para la mayoría de la población. No penséis que por no estar titulados en la carrera de Infantil no os pueden asignar esos grados, porque eso no importa, tú estás titulado y pueden ponerte en el curso en el que la escuela o el distrito necesite. Muy a mi pesar, terminé otro año teniendo que estar en Prek4, por obligación.
Siguiendo con el horario y la dedicación. Cuando empieza el día, a las 7,30 de la mañana, normalmente el tutor se queda en su homeroom por 30min en los que se suele comenzar con una asamblea, sentando a los niños en la alfombra por ejemplo, y haciendo una dinámica de lo que aquí se llama SEL lesson, «Social and Emotional Learning», una breve lección de valores.. Yo lo que suelo hacer es contar que hicimos la tarde anterior, si han descansado bien, si tienen alguna preocupación, adelantar que es lo que nos espera en el día y un poco cuáles son las expectativas de comportamiento. Después de esa media hora en la que todavía muchos de los niños siguen llegando escalonadamente con la bandeja de su desayuno que han cogido de la cafetería….comienza el día y la instrucción como lo llaman aquí.
En cuanto a las asignaturas de Música, Arte y Educación Física, por supuesto son áreas que llevan profesores especialistas. Con los años han ido cambiando las dinámicas de organización en mi distrito, pero por generalizar diré que es un horario rotativo y que cada día los niños tienen una de las clases especiales durante 45min/1 hora. Tiempo que el profesor tutor, nosotros, utilizamos para lo que se llama “Planning”, es como una hora de exclusiva dentro de horario. Te puedes dedicar a planificar la lección de la semana siguiente, hacer fotocopias, tener reuniones de equipo didáctico, “x”. Este tiempo viene muy bien, sobre todo cuando hay que poner las notas(ciclos de cada 9 semanas), y cuando hay conferencias con padres.
Una vez a la semana o cada quince días(depende de la organización de cada colegio), se tiene una lección o lectura con la bibliotecaria, es un profesor que se dedica exclusivamente a la gestión de este lugar; además se aprovecha ese espacio de tiempo para hacer el préstamo de libros con los niños.
Otra vez cada quince días hay una lección con la “counsellor”. La consejera como se traduciría al español, es una figura en el centro que se dedica a apoyar a los alumnos un poco como si dijéramos modo “orientadora” pero no es una psicopedagoga.
Y por último, quiero nombrar a una figura muy querida en la escuela y que es super conveniente, ¡¡¡la enfermera!!! «a big shout out for them!!!» Grandes, y muy necesarias.
Después del horario, a las 3,30pm, los profesores podemos seguir trabajando en el centro, si lo necesitamos. Están también los niños en programas “after school”, extraescolares, pero si no lo necesitas puedes irte a casa, excepto el día de reunión de profesores. En mi última escuela, había una reunión semanal todos los jueves de 3,30 a 4,30pm. Y luego los viernes puedes casi contar con otra actividad que no está dentro del horario pero que espero que pase en tu colegio como en casi todos y es irte de ¡¡¡Happy Hour!!! con los compañeros a un bar. Esto es de lo mejor de todo, de hecho verás que los bares ofrecen descuentos a esas horas para atraer a los clientes que saben que salimos de trabajar y es muy divertido, no te lo pierdas!
Una cosa a tener muy en cuenta cuando se empieza a trabajar aquí, es el uso del vocabulario escolar. Conviene saber lo básico ya que sino muchos conceptos y conversaciones os pueden llevar a la confusión.
Aquí a los cursos se les llaman grados, y el colegio se llama escuela. Llamar colegio a la escuela puede llevar a error porque lo identifican con el “college” y eso es la universidad. Las notas/calificaciones, también se llaman grados, y el tutor es el «homeroom teacher», un tutor hace referencia a la persona legal que tiene la custodia sobre un menor. Una entrevista con padres es un “parent conference”, y a partir de las 12 del mediodía ya se está hablando de la tarde. La nomenclatura es fundamental, además se trabaja con muchas siglas siempre, así que los comienzos suelen conllevar más confusión precisamente porque no es que no entiendas el idioma, sino que no estás familiarizado con las siglas de algunos conceptos.
Otro aspecto al que hay que acostumbrarse es al uso de las tecnologías y no sólo en el aspecto referido a su uso en el aula, que también, pero más a su uso para ti como empleado. Todo está integrado en una cloud, desde pasar la asistencia por las mañanas, hasta hacer cursos de formación, pedirte un día libre y buscarte el sustituto, o reportar un problema con el funcionamiento de tu ordenador, todo pasa por esa nube informática. Muy cómodo y eficiente.
Ya conté en mi post dedicado a “Cultura del trabajo americana”, que a partir del primer día trabajando aquí, se espera que estés alerta y disponible a la vez por tu email, aplicación de teams, teléfono de tu clase y teléfono personal en cualquier momento. Es algo que hay que asumir y como dicen…”Allá donde fueres, haz lo que vieres”.
Otras actividades de la escuela que puedo nombrar, son las conferencias con padres. Se tienen dos veces al año, en octubre y febrero durante dos semanas específicas, en las que se cita a todas las familias para que una tras otra vayan viniendo a hablar con el tutor. Otros momentos de contacto para que familias y profesores se conozcan antes de octubre, son “meet the teacher” un día en el que el director presenta a los profesores en un acto informal para niños y padres antes de comenzar los niños el colegio, y otra en “Back to School night” una tarde en la que se quedan los profesores en su aula cuando los niños ya han empezado la escuela y se reciben a los padres en la clase, también en un acto distendido y que cada profesor le da el formato que desea, no es una reunión de padres típica de las que hacemos en España de principio de curso.
No me olvido de una cuestión importante, los «Drills”, los simulacros. Se realizan casi cada semana y hay de muchos tipos, se van alternando, los hay de incendio, de refugio por si hay huracán o tornado, de sustancias químicas dañinas, de evacuación, de seguridad… cada uno tiene su procedimiento. Se van aprendiendo con la práctica, y lo mismo que otras cosas, uno va acostumbrándose. Igual que a ver a la policía interna del distrito pasearse por las escuelas o acudir en el caso de haber algún problema fuera de la norma.
A grandes rasgos he contado lo que supone un día de colegio, pero no me he detenido a detallar lo que más me sigue sorprendiendo a día de hoy de las dinámicas escolares en EEUU: Las llegadas a la escuela y las partidas, «arrival» y «dismissal». Las llegadas son escalonadas, los alumnos entran a la escuela cuando llegan, ya sea en autobús, andando o en coche, pero como podréis suponer la mayoría en automóvil. Los niños o bien se reúnen en un sitio común como puede ser el gimnasio o la cafetería y allí cada semana hay un equipo de profesores vigilando desde las 7am de la mañana, ¿quiénes vigilan? Nosotros, los profesores, a turnos, es decir que cada «x» semanas te puede tocar «morning duty» y tener que levantarte todavía más temprano.
La partida es igual, pero aquí viene lo que me sigue causando asombro a día de hoy: Los padres cuando vienen a traer o buscar a sus hijos en coche, no se bajan del automóvil; hacen una fila interminable de carros, y uno por uno va nombrando a su hijo, los profesores somos los que llevamos al niño de la mano, le abrimos la puerta y montamos a la criatura en el coche, los familiares ni se bajan. Sé que al final es una cuestión de organización, ya que hay tantos niños en la escuela que no hay sitios para aparcar para todos los padres de los niños, no hay 400 spots de parking, pero al final es un dismissal que se retrasa en hacer más de 30 minutos debido a la manera que tienen de gestionar esta actividad.
La vida como profesor en EEUU uno puede complicársela o simplificársela a gusto del consumidor. Quiero decir, trabajo siempre va a haber. Si eres de los que les encanta quedarte sólo en tu clase, después del horario escolar, a preparar materiales, decoraciones…etc, éste será tu paraíso…. las escuelas son como macropapelerías donde vas a encontrar lo inimaginable y siempre accesible para tu uso. Si eres de los que quieres ganar más dinero y hacer algunas tareas extra(pagadas), podrás quedarte a «tutoring», que son las clases fuera de horario, por las tardes, de repaso. O también puedes participar como profesor en la “Summer school” y quedarte trabajando en el mes de julio durante parte de tus vacaciones. Si eres de los que valoras el tiempo libre, el ocio, y maximizar tus horas de obligado cumplimiento en el centro como yo, a las 3,30 saldrás «pitando» para casa, directo al gimnasio, o a la actividad personal a la que te quieras dedicar. Sólo los días de claustro o festivales que se van celebrando durante el año esporádicamente, como Halloween, o El Festival de Otoño, o el concierto de Navidad, el día Multicultural…requerirán de tu presencia en el colegio hasta las 6 ó 7 de la tarde.
Si os apetece escuchar toda esta información y algo más ampliada no dudes en darle click al formato sonoro que aquí se incluye.
Un día estaba revisando posts en Facebook y leí uno que arrancó mi carcajada:
“Ahora entiendo lo del sueño americano. En este país siempre estás tan cansado que te caes de sueño por las esquinas”
Captó mi atención y mis pensamientos. Hay días que me siento exhausta cuando me voy a dormir; tanto que pienso que una sola noche de sueño no va a poder remediar mi estado.
En otros artículos anteriores ya he comentado la exigencia laboral que a mí me ha supuesto esta experiencia. Sin embargo, tengo muy presente que ésta es mi circunstancia personal en el mundo de la docencia, algo a lo que he elegido seguir dedicándome aquí. Pero podría haber hecho otra cosa, podría haber iniciado otro camino profesional.
Dos de las características que Estados Unidos ofrece son su versatilidad y oportunidades de empleo. Si quieres darle una nueva orientación a tu profesión, sólo tienes que querer intentarlo y demostrar tus habilidades para hacerlo.
Alicia Marín, compatriota española, lleva viviendo aquí cerca de una década. Su historia es un ejemplo de mutabilidad y adaptación al medio. Llegó a Austin en 2014, siguiendo una propuesta laboral que le habían hecho a su esposo. Ella no se lo pensó dos veces, accedió a vivir la aventura; dejó su puesto en una empresa de finanzas en España e hizo las maletas con mucha ilusión. Traían con ellos a sus dos mellizas, Lucía e Inés, que por entonces tenían 4 añitos.
El primer año, Alicia como cabeza de familia, se dedicó fundamentalmente al asentamiento y estructura de la unidad familiar. Un papel crucial, dando esa estabilidad a los suyos tan necesaria en momentos de transición. Esto es algo que puede dar mucho vértigo a la hora de tomar la decisión previa al cambio. Al final, muchas mujeres/esposas cambian completamente su realidad y rol en la familia por apoyar el desarrollo de sus parejas, o a la inversa. Y de pronto, uno pasa a convertirse en am@s del hogar, en un país desconocido en el que no se tiene tampoco establecida una red social.
Reconoce que aunque tuvo sus momentos difíciles y «de bajón», afrontó la situación desde una perspectiva amable e intentó vivirla con satisfacción. Su propio carácter ayuda, Alicia es una persona divertida, positiva y entusiasta. Aquellos inicios le posibilitaron tener mucho tiempo para explorar «Salía con las amigas a taconear, ir al gimnasio por las mañanas y tomármelo con tranquilidad» nos cuenta ella. Precisamente, esa fue la fórmula idónea para ampliar su círculo social. Gracias al trabajo de su marido conectaron enseguida con la comunidad de españoles que forman y enseguida se sintieron acogidos.
No obstante, como mujer activa e inquieta que ella es, llegó un momento en el que nuestra protagonista decidió que ya había tenido bastante trabajando en casa; quería comenzar a tener un trabajo remunerado, aprender inglés, salir del hogar y vivir la experiencia también a nivel laboral. Para ello decidió, después de unos tímidos intentos repartiendo unos cuantos currículums aquí y allá, contratar a una «professional coach» que le guiara en su búsqueda de trabajo. «No contaba con un “networking”, no conocía a nadie aquí. Hasta entonces, me había limitado a aplicar a trabajos que estuvieran dentro de mi área de experiencia, las finanzas. Con la professional coach entendí que no era yo la que tenía que cerrarme puertas, que tenía que ver la adaptabilidad de mis habilidades, mi capacitación para poder desarrollarme en otros campos, y sobre todo creer en mí y saber venderme de cara a la galería». Comenzó a moverse en diferentes espacios y et voilà! un día consiguió un puesto en una empresa tecnológica.
Alicia es el perfecto ejemplo de que puede conseguirse un empleo en este país sin conocer a nadie. No sólo eso, sino que una vez que comenzó a trabajar, en un año, ya le ofrecieron un ascenso. Ahora pertenece al departamento de marketing de la empresa, algo que se le antoja hubiera sido inimaginable en España. Dar el salto del mundo financiero al área a la que actualmente se dedica. «Se valoran enormemente las “transferable skills”, las destrezas generales que uno posee y que puede fácilmente adaptar de una profesión a otra: habilidades resolutivas, de comunicación…etc.»
Me pregunto,(ya que yo siempre he trabajado en el sector público en este país), si en el sector privado, las cosas son diferentes en cuanto a jerarquización de puestos. A este respecto no se lo piensa dos veces: «Bajo mi punto de vista, creo que las relaciones entre trabajadores aquí son mucho más fáciles, más relajadas. Puedes comunicarte con cualquier superior de la empresa directamente sin temor a que otros se sientan ofendidos por haberte saltado mandos intermedios. La apertura y simplicidad que yo he experimentado siempre me ha hecho sentirlo como un sistema menos jerarquizado que el español».
Igualmente, su recorrido empresarial aquí premiará su currículum en un futuro si decide volver a nuestro país. Toda la formación, experiencia laboral en diferentes campos y el haber trabajado para una compañía americana añadirá mucho potencial a su historial.
¿Y las vacaciones?, porque claro, aquí normalmente las empresas estadounidenses ofrecen 15 días al año. Alicia vuelve a considerarse una afortunada en este aspecto «Gracias a que trabajo a distancia, puedo permitirme el mes de vacaciones. Quiero decir, trabajo remoto cuando estoy en España; normalmente pido una semana»off» de las cuatro que viajamos, y las otras tres me dedico a mi actividad desde mi lugar de descanso. Algunas compañías prometen lo que se conoce como «vacaciones ilimitadas», aunque esto es un arma de doble filo. Supone solicitar tus días con mucha antelación y siempre contando con que no haya un proyecto para el cual sea indispensable tu presencia o que tu ausencia no perjudique al funcionamiento regular de la compañía. Es decir, se hace difícil conseguir tener un mes de vacaciones seguido. El mes que al expatriado español le viene de maravilla para visitar a su tierra y su familia en España.»
«¿Visualizas algún día la vuelta definitiva?» Le pregunto con curiosidad. Viendo a sus dos preciosas hijas que ahora ya cuentan con 13 años y que tienen la vida montada aquí, su hogar, su felicidad… se me antoja que por ahora no es una cuestión que valoren. ¨Nosotros decidimos día a día, por ahora estamos bien, pues seguimos ¿Quién sabe lo que puede suceder dentro de un año o de cinco? Lo que sí que tengo más claro es que no me jubilaré en este país. Quizá en España o quizá viajando por el mundo, ese es mi sueño.»
Me encantó como expresó un día en una de nuestras conversaciones con convencimiento «El mejor punto para vivir es en mitad del océano, yo me quedo en el Atlántico, con las cosas buenas de aquí y las cosas buenas de allí” . Coincido con ella 100%. No hay sociedad perfecta, no hay una mejor que otra. Las dos aportan sus pros y cons. De las dos pueden pensarse virtudes y defectos.
«Mientras tanto, vivamos el presente, sin dejarnos llevar por el que sería de mi vida estando allí o estando acá». Así dejo a Alicia, en un jardín que parece de cuento de hadas en su casa; con Aspen, su cariñoso y juguetón mini bernedoodle que anda corriendo de aquí para allá entretenido, y sus hijas, una mezcla perfecta de cultura americano-española, respetuosas, maduras y responsables. Seguiremos en contacto Alicia… ha sido un placer conocerte.
Alicia se tatuó el árbol de la vida, simbolizando su familia. Todos creciendo juntos con firme base en las raíces (que contienen las iniciales de sus hijas y marido).
Si quieres escuchar con más detalle la versión sonora de este artículo, no dudes en hacerlo a través del link que aquí se adjunta a su episodio de podcast.
Definitivamente cuando trabajas fuera de tu zona de confort o ambiente habitual se abre un canal de aprendizaje, ya sea por medio comparativo o debido al descubrimiento.
Antes de venir a Estados Unidos, en España siempre había oído que en la etapa de Infantil se trabajaba más por proyectos y por centros de interés, pero al ser diplomada en primaria, nunca había tenido la oportunidad de experimentarlo en primera persona.
Cuando llegué aquí, mis dos primeros años trabajé en kinder, Infantil 5 años. Tengo que reconocer que los comienzos fueron duros y que mentalmente me costó adaptarme a la idea. Aprecio intensamente que la vida me pusiera en esa experiencia primero, y en preK, Infantil 4 años, después. Mi admiración por todas las maestras que se dedican a esta etapa, ha crecido considerablemente, además me ha proporcionado una visión muchísimo más amplia del aprendizaje de manera global. Conocer en primera persona, el esfuerzo y maestría que requiere iniciar a un niño al mundo de la grafía, la lectura, los conocimientos en general, ha supuesto un antes y un después en mi carrera.
Asimismo, esta experiencia me ha flexibilizado en cuestiones metodológicas, mucho. Me he convertido en una fan de los centros de interés. Ahora trabajo en tercero de primaria y anteriormente lo hice en cuarto, el método resulta muy adecuado también en su uso con estas edades.
Inicialmente diría que para trabajar por centros hay que tener dos cosas muy bien planificadas. Primera, los equipos de alumnos que quieres que trabajen juntos. 4 ó 5 niños como mucho en cada grupo y que estén equilibrados académicamente, mezclando niveles fuerte, medio y bajo en cada uno, así como el nivel comportamental, activos, medios y pasivos. Segundo, tener una buena planificación didáctica, saber qué quieres conseguir en cada centro, qué contenidos puedes dejar que los niños trabajen independientemente sin necesidad de revisión, qué actividades quieres que sean corregidas y cuáles quieres que sean enseñadas directamente por ti en pequeño grupo.
Mis clases comienzan con una breve pero directa lección al gran grupo, 10-15 minutos. Les transmito las ideas fundamentales y de qué van a constar los centros cuando pasen a trabajar por equipos. Importante, también les transmito las expectativas, qué se espera que consigan en cada uno de ellos. La duración de los centros no sobrepasa los 15-20 min y son rotativos, todos pasan por los 4 centros todos los días.
Lo que yo hago habitualmente es planificar los 4 centros por niveles de exigencia:
– En el más relajado, trabajan en aplicación informática (una de las que hablo en otro de mis posts) con sus chromebooks.
– El segundo, más exigente (pero que pueden autocorregirse al final porque yo les doy las soluciones), supone una tarea más operativa, por ejemplo, de cálculo en matemáticas o de ortografía en Lengua.
– El tercero supone una tarea más complicada que trabaja directamente los objetivos que estamos aprendiendo aquella semana. Éste sí requiere de una corrección.
– El cuarto centro es conmigo, yo estoy sentada con ellos. Cuando los alumnos llegan a mi centro, corregimos juntos lo que han hecho en el tercero y solucionamos posibles dudas. Después hacemos una tarea diferente, que también aplica ese mismo objetivo pero de una manera más divertida o distendida, ya que ahí estoy yo para controlar la actividad y conducirla por donde yo quiera.
Por supuesto, desde mi centro tengo que estar también controlando el comportamiento en general de la clase y pendiente de que no se “desmadre el cotarro”. TIPS, hay que ser flexible. No puedes pretender que sea la clase ideal en la que todos los alumnos están trabajando en silencio, haciendo lo que se les ha mandado 100% todo el tiempo. Hay risas, hay ruido, hay alumnos levantados trabajando, y a veces también perdiendo el tiempo, pero para mí, si cuando el cronómetro suena anunciando el final del centro, la tarea está más o menos terminada, veo que han puesto atención y se comprometen con lo que están aprendiendo, el éxito se ha garantizado. La motivación de los alumnos es mucho mayor, de hecho, ellos me preguntan el día que les doy libre porque cambiamos de actividad… “¿pero no vamos a hacer centros? Jo! déjanos hacer centros!!!” “Genial” me digo a mí misma, “señal de que lo estamos haciendo bien”. Sinceramente, cuando planifico mis lecciones para cada semana, ya me sale solo el pensar en centros. No llevamos libros, esto también es algo notable. No digo que no se pudiera hacer también con libros de texto, se podría perfectamente, pero la libertad que tengo a la hora de diseñar mis tareas sin libro, es muy amplia, obviamente.
Otro aspecto metodológico al que me he acostumbrado a utilizar aquí y que he nombrado anteriormente en otros posts son los anchor charts. Los anchor charts no son más que «handmade» pósters, quiero decir, pósters que yo misma diseño a la vez que estoy enseñando a mis alumnos la lección. Primero, cuando planifico mi unidad didáctica, hago una investigación por internet o en el currículum del distrito donde hay mil ejemplos aplicados a lo que estoy trabajando esa semana, elijo el que más me gusta y dirijo mi presentación a la creación del mismo cuando estoy explicando a los niños. Después, ese anchor chart se queda permanentemente expuesto en la pared del aula por meses; así los alumnos cada vez que tienen una duda pero se acuerdan de que lo hemos dado anteriormente, acuden al anchor chart correspondiente y se fijan en lo que necesitan, es como una “chuleta” enorme, pero a la vista y sin “pecado”. También los dejo puestos y se pueden mirar cuando toman exámenes.
A simple vista puede resultar una técnica laboriosa, pero no cuesta mucho más de 5 minutos crearlo. TIP los anchor chart que mejor funcionan son los que tienen pocas palabras y algún elemento visual. Aquí cuelgo algunos ejemplos para que sirvan de ilustración a mi explicación.
Anchor charts de matemáticasAnchor chart de lectura
Parecido a los anchor charts, pero un poco más laboriosas, son las “paredes interactivas”. Requieren un poco más de dedicación y maña por parte del docente, pero resultan increíblemente motivadoras para los niños y pueden usarse como estaciones en los centros.
Pared interactiva de lengua
Se trata de un juego educativo que aplica o pone en acción contenidos aprendidos, por ejemplo aquí en las fotografías se ve uno que es de alfabeto, en el que se clasifican las palabras (escritas en popsticks) por la letra con la que comienzan y se meten en los bolsillos del alfabeto.
Los rincones de lectura donde los niños pueden tener su propia biblioteca y el educador puede jugar con ellos para clasificar los cuentos un día en ficción-no ficción, o buscar determinadas informaciones, ilustraciones…etc.
Rincón de las matemáticas en el que los alumnos resuelven problemas que están colgados en la pared con diferentes manipulativos o algunos más complicados como los que se muestran de cursos más altos en la asignatura de Ciencias.
Pared interactiva de matemáticas
TIP Hay que enseñar a los niños a mantenerlo en orden y sobre todo dejarlo recogido o dispuesto para volver a ser utilizado una vez que terminan, por lo demás, tienen infinitas posibilidades de uso, el maestro es el que los diseña a su gusto, creatividad o atendiendo a su específica necesidad.
Ejemplos de paredes interactivas de ciencias
A la hora de introducir un centro de interés nuevo, me gusta también aplicar la técnica de «I DO, WE DO, YOU DO». Consiste básicamente en ejemplarizar siguiendo tres pasos. Primero, yo muestro como utilizaría el centro si fuera un alumno («I do»). Después, invito a los alumnos a realizar otro ejemplo conmigo, todos juntos («We do»). Tercero, es cuando ellos usarán el centro por sí mismos, independientemente («You do»). Me gusta mucho esta técnica porque siendo muy simple, es motivadora para los niños. Saben que la primera vez, me tienen que escuchar atentamente para poder participar en la segunda actividad, y a la vez que si yo veo que lo entienden, a la tercera ya volarán ellos solos.
Esta estrategia la utilizo muy frecuentemente para otras cosas también, otro tipo de explicaciones, siendo muy sencilla, me asegura que los alumnos se quedan casi siempre limpios de dudas y con la experiencia suficiente en una tarea como para poder realizarla de manera autónoma ellos solos más tarde.
Por último pero no menos importante, voy a añadir en este artículo, uno de los aparatos que más útiles me parecen, que me ayuda mucho en la instrucción, y que seguro que echaré de menos cuando vuelva a España, la cámara. En todas las clases tenemos una gran pantalla-televisión donde proyectamos tanto nuestro ordenador como otros visuales, es verdad, no es una PDI, pero ¡no está mal el apaño! La cámara la utilizo infinidad en mis explicaciones de gran grupo. Es una forma fácil y eficaz de proyectar cualquier ejemplo de tarea y conseguir que con nitidez y precisión los niños sepan y se fijen en lo que tienen que hacer en cada actividad.
Espero que brevemente os podáis hacer una idea de cuatro buenas técnicas que me llevo aprendidas de aquí. Seguramente, a muchos de vosotros no os estaré descubriendo nada nuevo, sé que se trabaja muy bien en nuestra tierra y que habrá otras miles de experiencias que podrán dar mil vueltas a ésta. Pero quería compartir aquí, algo que con alegría me llevo en mi metodología de trabajo ahora allá donde vaya y que éste país me ha dado la oportunidad de atreverme a experimentar o de “lanzarme a la piscina”.
Las mayoría de las cosas en la vida no son “blanco o negro”, solemos movernos en una escala de grises. Hoy voy a hablar en gris perla 😉, voy a concentrarme en nombrar los aspectos laborales que me gustan de aquí; aspectos que quizá con un ligero giro de tuerca exportaría a España.
A algunos de ellos les he dedicado, o muy próximamente dedicaré, entradas de blog específicas, porque creo que merecen una explicación o análisis más profundo, como por ejemplo el sistema de evaluación continua del profesorado.
Pero hoy a entrar en arena con otros aspectos de funcionamiento.
Una de las cosas que inicialmente más me sorprendió cuando llegué, fue que nada más comenzar a trabajar en el distrito me prestaron un portátil, a elección, si quería un Macbook Air o un Lenovo con pantalla táctil. Dicho portátil se queda conmigo hasta que termine mi contrato, incluidos veranos, vacaciones…etc. Es mi ordenador personal. Claro, también descubrí que aquí es muy necesario, y que en nuestro día a día lo utilizamos una media de 7 horas por jornada.
Todo lo que puedas imaginar relativo a la escuela y al distrito está centralizado en un sistema cloud. Cada empleado tenemos un número y una contraseña, y…. ¡“et voilà”!, una vez que accedes a la cloud, se abre el mundo de posibilidades; una multitud de aplicaciones que atienden las necesidades del profesorado, alumnado, personal laboral y administración, así como facilitan la comunicación entre ellos.
La cloud se utiliza también para introducir y proporcionar todo tipo de información escolar, por ejemplo es donde se reporta diariamente las ausencias del alumnado y las tuyas propias como profesor y su planificación. Se usa también para documentar todo tipo de acciones de los estudiantes, reuniones e historial-expediente de los alumnos (recoge incluso experiencias previas en otras escuelas si pertenecían al mismo distrito), información relativa a las familias, salud, dificultades de aprendizaje, diagnósticos, adaptaciones….
Por supuesto, también existen aplicaciones para introducir las notas online(cada 9 semanas), y sistemas de evaluación. Otras son de acceso al currículum escolar y a planificaciones didácticas cada semana, planificaciones que proporciona el distrito con sus recursos correspondientes (llegar e imprimir, aquí no se utilizan libros de texto). Y además, infinidad de aplicaciones educativas para utilizar con los alumnos, pudiendo monitorear su progreso de aprendizaje (a este respecto dedicaré un comentario más profundo en el post dedicado a “metodologías”).
Lo que me asombró positivamente es el poco tiempo que me llevó a acostumbrarme y lo relativamente fácil con que me familiaricé con el sistema. Si en un principio me hubieran dicho, enseñado y avisado de que iba a tener que aprender a manejar esta cloud, creo que me hubiera asustado o me hubiera pensado incapaz, pero no, no fue para nada así. La práctica diaria de su manejo hizo que casi ni me diera cuenta de todo lo que estaba aprendiendo.
Al hilo de la cloud, porque también se obtiene en una de sus aplicaciones en su modalidad a distancia, hablaré de “la formación del profesorado”.
Tengo que admitir que ha habido un ligero cambio a este respecto en el escenario pre/post pandemia. En el año 2016, cuando llegué aquí, me maravillaba ir a las formaciones docentes. Éstas tenían lugar siempre en horario lectivo. Se pedía permiso al director para poder acudir, normalmente concedido, y aquel día un sustituto cubría tu ausencia mientras tú ibas a un “entrenamiento” como dicen aquí. Me gustaban porque solían ser provechosos, siempre descubrías algo nuevo. Además eran dinámicas, muy participativas, te enseñaban juegos para niños jugando, nuevas metodologías practicándolas, tenías que ponerte “manos a la obra” para experimentar la formación, vamos, que no llegabas a la formación para sentarte en última fila y dormirte las 8 horas. Se aprendía y además te divertías.
Ahora todo ha cambiado. Con la pandemia las formaciones se han limitado a su versión online claro, no se consigue lo mismo. Asimismo, el déficit de personal que sufre ahora la profesión del profesorado aquí, hace que cada día haya menos sustitutos disponibles, y por tanto los días de formación, han desaparecido. Pero me quedo con la fórmula, era ideal.
Cambiando de tercio, otra cosa que me encanta de este sistema y que exportaría a mi tierra, son los días “sick” y personales que nos conceden al año. Hacen que me planifique mucho mejor mis momentos de trabajo y descanso, y que me sienta un poquito más dueña y con control de mis necesidades, no que tenga que morir al palo de tener las vacaciones unos días estipulados.
Cuando comienza el curso escolar tenemos un banco 5 días personales, y 4 días “sick” para disfrutarlos cuando lo necesitemos, respetando unas cuantas reglas básicas: avisar con tiempo, dejar planificada la sustitución al dedillo si se sabe que vas a faltar, y no pedir días personales pegados a otras vacaciones del calendario. Lo mejor es el sistema de sustituciones. Hay profesores, o personal certificado que se dedica a sustituir exclusivamente. Cuando tienes una ausencia en vista, ingresas en el sistema la falta y un profesor sustituto que la vea y esté interesado en hacerla, se presentará allí el día estipulado, aunque no conozca ni tu escuela ni a tus alumnos y hará lo que tú hayas dejado planificado. ¡Así! fácil, rápido y efectivo. Sin molestar a nadie más y por supuesto, sin cargar a los compañeros. Claro, como decían en mi pueblo “con dinero chifletes”, esto es lo que se deriva de vivir en un país con mayor poder adquisitivo. Ese día nos están pagando a dos personas, a mí y a mi sustituta, el 100%.
Algo que también nombré en mi post “Interesting facts about school”, es la decoración de aula. Requiere un gran esfuerzo y dedicación por parte del profesor, sobre todo a principio y a final de año, pero crea un ambiente de aprendizaje y promueve la motivación del alumnado. A veces lo pienso y llego a la conclusión de que seguramente no podría exportar este aspecto tal y como se hace aquí. Primero porque los recursos disponibles no serían los mismos. Y segundo, porque la falta “costumbre” que tenemos en España ante tanta variedad de estímulos en el aula, haría que dudásemos de si los estudiantes iban a distraerse más que concentrar en su estudio. Al final todo tiene un matiz cultural implícito en cada actividad que hacemos. Pero sí, al menos, exportaría el concepto de “forrar” las paredes con “anchor charts” o pósters de referencia. Me parecen una gran idea, muy útil.
Ejemplo de una de las paredes de mi clase el año pasado.La puerta de la clase decorada por HalloweenAnchor chart de Lectura.
La forma de trabajar en centros de interés y los “anchor chart” son mis favoritos. Por ello, los comento más detalladamente en otra entrada de este blog dedicada a la metodología.
En este post he intentado no sólo alabar los aciertos que pienso que tiene este sistema sino también dar a conocer un poco más el mismo para quien tenga curiosidad. Por supuesto, que también hay otras particularidades de la práctica educativa americana que no sólo no exportaría sino que si pudiera las enterraría bajo tierra para siempre, ¡otro día hablaré de ellos!
Una de las cosas de la escuela que más interesante me pareció desde el principio, y a lo que he dedicado mucho tiempo de reflexión, es su sistema de evaluación continua del profesorado.
Me genera mucho debate interno. Por un lado, me parece una gran idea. Por otro, creo que hay que tener una buena autoestima profesional como para acoger y abrazar este método de evaluación y entenderlo como una ayuda en la práctica.
Cuento como funciona.
Todos los años, a comienzo de curso, cada docente tiene que presentar un proyecto personal. Este proyecto incluye sus objetivos en cuanto a crecimiento profesional docente, y las metas de aprendizaje que se plantea con sus alumnos. Dicho proyecto es evaluado por un “Appraiser”, suele ser el director o subdirector del centro. El appraiser se dedicará durante todo el año a hacer un seguimiento del desempeño del maestro y de la consecución de su proyecto.
Diría que la parte fácil es la evaluación del profesor a su alumnado. Se debe de pasar un test a los estudiantes a principio de curso y el mismo al final para así comparar los resultados y poder atestiguar que ha habido un crecimiento, un aprendizaje.
La parte más ardua o significativa de la evaluación son las observaciones al profesor. El appraiser o cualquier persona de la administración o del distrito nos visitan cuando estamos dando clase, nos observan, y después en una reunión particular, nos dan feedback de su análisis. Las observaciones a veces son programadas, y a veces no, pueden ser por sorpresa (los llamados “walkthrough”).
Se me dibuja una sonrisa en mi cara recordando las primeras veces que entraban en mi clase a observarme. Claro, acostumbrada a nuestro modo de funcionar español, fuera quien fuera, saludaba y les presentaba a los niños a esa persona que había entrado en nuestra clase… Luego ya me enteré que no, que cuando entran a observarte hay que hacer como si nada, como si nadie hubiera entrado en el aula, ignorarlo por completo. Y todo tan normal, ¡oye!, fluye y sigue con tu clase, mientras el appraiser te observa tomando notas de lo que haces y de lo que hay colgado por la clase (o de lo que no hay).
Normalmente, al final del día de una observación recibes un email de feedback, y aquí viene cuando es importante, como decía al principio, tener una “buena autoestima profesional”. En las primeras observaciones recuerdo sentirme “herida” al leer apuntes que decían que podía mejorar algo o cambiar. Incluso me enfadaba, y airada pensaba “¿cómo me puede decir esto a mi esta persona si lleva 5 años trabajando y yo 17?” Conforme el tiempo ha ido pasando y he ido acumulando más evaluaciones a mis espaldas, se ha convertido incluso en algo muy interesante para mí. Despierta mi curiosidad saber lo que otra persona piensa de mi práctica, y aplico y pruebo, si me apetece o lo considero, los consejos posteriores a la observación ¿qué pierdo por probar? Nada. Siento que he aprendido muchas cosas.
Pero… ¿qué es lo que realmente me gusta de este sistema?
Me gusta tener la sensación de que hay un control, que nadie puede empezar a ser maestro-funcionario en el año 1990 y no ser evaluado en los 40 años siguientes de su dedicación.
Me gusta tener un feedback de otra persona que me ha visto dando clase, que podré coincidir más o menos con su opinión pero que al final nos hace reflexionar sobre la propia práctica.
Me da esperanzas de que si realmente hay un maestro pésimo, alguien lo va a ver en acción, y supongo, se tomarán cartas en el asunto.
Además tiene una compensación económica. Si el crecimiento anual del profesor es “x”, al año siguiente se cobra un incremento salarial correspondiente, ¡no está nada mal!, ¿no?
Lo único que me chirría un poco de todo esto es que tengo que admitir que a veces me he sentido como una niña. Como una alumna en lugar de como una profesional. Supongo que no sólo es la observación y todo lo que conlleva el proceso, sino que también a eso se le añaden muchos otros detalles del funcionamiento diario que contribuyen a que me sienta así. Pero hay días en los que en lugar de ayuda y observación con espíritu crítico, me siento vigilada y como si no se confiara en mi responsabilidad profesional, como si pensaran que nos tienen que vigilar para que los maestros cumplamos y nos “portemos bien”.